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¿Un Brasil mejor? Riqueza y ambición son esenciales

Por Gustavo Chierighini, fundador de Plataforma Editorial Brasil.

Estimado lector, esta vez tengo que dejar claro, antes de que inicie la lectura del texto, que voy a herir los corazones políticamente correctos.

Sí, voy a hacer afirmaciones que osarán cuestionar algunas modinhas y “lugares comunes” sobre cómo vivir en un “mundo mejor”.

Pero, por favor, no arroje piedras antes de leer la argumentación, después de todo la divergencia es saludable. Y si usted estaba desconfiado, voy a dejar aún más claro sí, defenderé el valor social de la ambición y del enriquecimiento.

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Sin embargo, establezco aquí una premisa. Pondero que al defender la contribución de la riqueza individual por la búsqueda de un “mundo mejor”, pienso en una dinámica donde el proceso de acumulación esté completamente distanciado de la ilegalidad.

Y es obvio que espero más que eso. Sin embargo, siempre he encontrado que buscas ardientes por sociedades perfectas desembocan en totalitarismo sangriento, y así me conformo con el campo de lo posible. Seguir las leyes, y punto final.

La bota del pensamiento único poco a poco nos impone un molde. En él no hay espacio para críticas, para la real diversidad de pensamiento y ni para el contradictorio.

Y quien intenta huir del patrón establecido de la “lucha social por la igualdad” inmediatamente recibe su sello, que siempre objetiva el estigma y la discriminación.

Vivimos en una burbuja de concepciones autorizadas, y esa burbuja impide la comprensión de que existen varias formas y mentalidades que pueden aportar una contribución a un legado social. Con eso empobrecimos en el campo de las ideas, y consecuentemente en el universo de la innovación y del progreso.

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¿Quieres saber cuáles son las consecuencias?

  • Nadie ataca la excesiva y compleja regulación que aplasta con burocracia y confusión el cotidiano empresarial;
  • Nada se comenta sobre la soledad y el esfuerzo darwiniano que es poner un sueño empresarial en órbita y sacar de él su sustento;
  • Poco se comenta sobre la importancia del lucro, que es el premio por el riesgo enfrentado;
  • Atacan la acumulación de riquezas, pero aplauden las donaciones hechas por billonarios, como si la fortuna acumulada no tuviera ninguna relación con la capacidad de donación.

Sin embargo, no fue así que las grandes civilizaciones y las grandes naciones se hicieron (y se hacen), incluso retirando a miles de personas de la línea de pobreza y penuria material.

Por lo tanto, algunas verdades deben ser destacadas

  • No fue la falta de codicia o ambición que permitió el acceso y popularización de la tecnología portátil;
  • No fue la socialización de las ganancias que hicieron que los emprendedores alemanes, suecos y norteamericanos ganasen espacio y fortunas con la tecnología aplicada a la medicina diagnóstica (que gracias a la escala creciente se vuelve cada vez más accesible a las capas de bajos ingresos);
  • No fue la aversión al lucro que permitió los estudios de materiales en la industria, permitiendo la popularización sin precedentes de productos de consumo y acceso al confort;
  • No fue el rechazo al éxito económico que movió el agronegocio, masificando su acceso popular;
  • No fue la aversión a la riqueza que nos trajo el advenimiento de las redes sociales, donde emprendedores visionarios en busca de ganancias transformaron la forma de hacerse política, viabilizaron protestas contra dictaduras sanguinarias, permitieron el ejercicio de una libertad de expresión sin precedentes.

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La verdad es que las políticas de lucha contra la desigualdad social son fundamentales en cualquier sociedad moderna, pero de nada adelantan si no hay algunas ponderaciones

  • Un Real en una economía llena de hombres y mujeres llenos de ambición y ganancia vale mucho más que en una economía autofágica tomada de asalto por el remanso, acomodación y utopía;
  • El mérito necesita ser valorado;
  • No es justo “vilanizar” a quien quiera ganar dinero y seguir las reglas.

Por último, el enriquecimiento no resuelve todo, no se mezcla con las responsabilidades del Estado y no sustituye la debida solidaridad en forma de actos concretos. Cierto, pero combatirlo entorpece bastante, además de atrofiar la distribución por medio de empleos, oportunidades y espacio para la competición.

Querer enriquecerse es bueno para todo el mundo. ¡Enriquecer es genial! ¡Piense en eso! Hasta el próximo.

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