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Planificación financiera instrumento de equilibrio y libertad

Planificación financiera instrumento de equilibrio y libertad En un post titulado “¿El exceso de la planificación financiera de la familia puede ser un obstáculo”, publicado por Augusto de Campos, en su excelente blog Efetividade.net, se planteó una discusión crítica a planificar en exceso puede afectar a nuestra naturalidad y gracia de la vida? El lector Carina trajo a la luz un desahogo sobre la ola de consejos, informaciones y material sobre planificación, metas y objetivos. En sus palabras

“En muchos lugares leemos sobre la planificación personal en cuanto a objetivos personales y profesionales, la organización de metas y tareas. (…) ¿Cuánto quitaría de nosotros el poder sobre nuestros deseos? O, ¿cuánto tendría peso sobre nuestros planes? ¿Sería sólo una celda de nuestras hojas de cálculo? ¿Puede existir un lado emocional en la racionalidad de toda la organización personal?

El tema fue ampliamente comentado por los lectores y también generó una colaboración Bernardo Pina creador también gran blog Produzindo.net. Bernardo utiliza el artículo “¿Hasta qué punto la planificación financiera es una buena cosa para su familia?” Para trazar un paralelo entre la real necesidad de consumir y la importancia de pensar en el futuro. Él termina su texto con algunas reflexiones y me invita a comentar la cuestión.

¿Es posible mantener una planificación financiera y al mismo tiempo mantener saludable el lado emocional de una familia?
La pregunta es recurrente, como bien ha señalado el lector Carina. Trabajar con familias endeudadas y consultoría financiera hace más objetiva el análisis de la cuestión. Comienzo con un hecho la mayor parte de los problemas emocionales de las familias se derivan del equivocado aprovechamiento del dinero y de la visión distorsionada del patrón de vida. Esto se traduce en familias que luchan para tener aquello que aún no pueden tener y se endeudan en el intento, ingenuo e ineficaz, de dar flujo a la emoción.

La visión errónea de que la planificación financiera cercena las acciones de la familia lo coloca en una posición delicada ante los muchos quehaceres dictados por la “vida moderna”. Muchas veces suena más interesante aprovechar esta o aquella promoción a usar el dinero para garantizar una mejor compra en una fecha futura. Parece razonable pensar que satisfacer un pequeño deseo momentáneo no perjudica en nada el rumbo de las cosas.

Pero dado el nivel personal y profesional de los participantes de este debate, me parece que la discusión ocurre en una esfera donde preocuparse con pequeños actos de consumo trae poca o ninguna consecuencia grave. Supongo que Carina, Bernardo o Augusto probablemente no comprometen más del 30% de sus ingresos con el desplazamiento de deudas. Y también me incluyo en este grupo. Somos una parte privilegiada de la nación, que tiene información, interés y sentido común, no se puede negar.

No somos usuarios del cheque especial o de crediarios con altas tasas de interés. Ya pensamos y pasamos a guardar algún dinero [Bb] y tampoco pasamos por problemas financieros. La conclusión es que somos equilibrados, tenemos mimos y posibilidades de éxito en proporciones semejantes. Pero, si dejamos de trabajar, de vivir con el actual flujo de caja que poseemos, por cuanto tiempo seríamos capaces de sostener nuestro patrón de vida con nuestras economías e inversiones?

El párrafo anterior es sólo una invitación para que pensemos en la realidad financiera de la mayoría, y de forma más humana. Imagínese que muchos ni siquiera sobrevivir a los dos meses si se despidieran hoy. Son muchos los que tienen poco y aún se toman consumiendo y viviendo sin disciplina financiera, atraídos por la promesa de inserción social disfrazada en los grandes centros de consumo.

¿Por qué discutir la importancia del presupuesto o de la planificación [Bb] necesario para la compra de un coche, si tales cambios no pueden ser “explotados” ante las comunidades donde viven? Al final, la prestación cabe en el presupuesto y el coche es un “trofeo” que todos van a admirar. ¿O crees que alguien te preocupará si el ciudadano consigue pagarlo? Que nada, lo importante es que él esté caminando y viajando hacia arriba y hacia abajo.

Se intensifica la hipocresía.
Observa cómo la cuestión se profundiza somos personas con necesidades y deseos cada vez más complejos y que cambian al sabor de los vientos. Al mismo tiempo, somos intolerantes, educados en una sociedad en la que “falta” mucho más que “sobra”. El problema es que no aprendemos a lidiar con la frustración y quedamos contrariados cuando nos vemos incapaces de alcanzar un objetivo ya conquistado por un par. Encaramos la frugalidad como negación.

Cuando estoy invitado a conversar sobre el dinero, la razón y la emoción, trato de mantener la lógica de las cosas el dinero es un medio de intercambio capaz de facilitar la realización de diversos objetivos, ya sean racionales o no. Cuando gastamos con algo que nos satisface, lo hacemos con gracia, alegría y sin ningún remordimiento. Pero ¿es que sirve para garantizar el deseo una vez y vivir con la posibilidad de jamás poder repetirlo? Eso cuando el arrepentimiento no entierra completamente cualquier sensación de placer.

Entra la cuestión del patrón de vida.Pensar la planificación como siendo sólo la necesidad de dejar de gastar con lo que da placer y ser más controlado es abordar la cuestión de forma superficial e hipócrita. Tenemos que también gastar (o controlar), con la misma energía, ese dinero que servirá para garantizar que mañana podamos darnos mimos aún mejores y permitir que nuestra familia disfrute de la posibilidad de soñar y tener, ella misma, sus deseos. Para ello, sin embargo, hay que equilibrar la emoción y la razón.

Planificación financiera es sinónimo de libertad
Tener un presupuesto controlado, garantizar las necesidades básicas, las horas de ocio e invertir algún capital en objetivos de corto, mediano y largo plazo son las actitudes básicas de aquellos que pretenden mantener su nivel de vida por años. Pero, por supuesto, habrá que abdicar de ciertas regalías y aprovechar mejor su tiempo libre. Es necesario decir “no” para algunos de sus deseos momentáneos, abdicando de la emoción y valorizando la razón.

Me arriesgo a decir que aquellos que viven sin planificación financiera y dudan de su importancia no saben cómo podrían ser aún más felices. Este mismo grupo duda que es posible trabajar por placer y hacer el dinero trabajar por ellos. Con disciplina, sabemos, podemos casi todo – siempre y cuando nuestro patrón de vida sea respetado.

Confieso que he renunciado a muchos artículos de consumo de la sociedad moderna para invertir en mi futuro y en el futuro de mi familia. Muchos de mis amigos tienen aparatos, automóviles y cosas “frías”, pero, curiosamente, no tienen todo lo que quieren. Prefiero vivir creyendo que no hay mal alguno en dejar de lado algunos deseos. Otros tantos, tan o más placenteros, surgen y dan flujo a la emoción. El dinero mal gastado, por el contrario, se va y difícilmente vuelve. Y hace falta.

¿Adiós tener todo y continuar con la sensación de no tener nada? No me parece una sensación interesante. La paradoja se completa con la constatación de que tengo todo lo que quiero, incluso libertad para estudiar, viajar, escribir y trabajar en lo que me gusta, cuando y donde quiero, mientras algunos de ellos trabajan en las “mis empresas” y viven en las “mis casas” “. Al final, la bolsa de valores [Bb] y la inversión en bienes raíces son parte de mi planificación financiera hace un buen tiempo.


Conrado Navarro, educador financiero, se graduó en Informática con un MBA en Finanzas y Master en Producción, Economía y Finanzas por UNIFEI, es socio fundador de Dinheirama. Alcanzó su independencia financiera antes de los 30 años y le encanta motivar a sus amigos y lectores a encarar el mismo desafío. Ministra cursos de educación financiera y actúa como consultor independiente.

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