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Los nudos de la economía, sus puntos de inflexión y Brasil

Os nós da economia, seus pontos de inflexão e o Brasil Por el camino del carruaje, incluso después de haber superado el susto de una posible moratoria norteamericana, donde la aflicción se ha tomado cuenta de los mercados internacionales así como de veteranos de guerra, pensionistas y acreedores, pocas horas de sueño tranquilo estarán disponibles en los próximos tiempos para aquellos que acompañan la novela de la economía mundial, sea por fuerza de la profesión o por sentido de realidad.

El hecho es que las explicaciones ofrecidas y elaboradas por especialistas, que presentaban el fuerte impacto de la crisis de 2008 como justificación para la parálisis de la mayor economía del mundo en 2009, y que luego fueron presentadas para explicar la irrelevante reacción ensayada en 2010, si ahora tesis sin validez, con casi ninguna ayuda. Casi tres años después del colapso de Lehman Brothers (recordar la primera ficha de la serie?), La economía de Estados Unidos en medio de una pátina de grandes enfrentamientos políticos en su historia, con consecuencias todavía impredecibles.

La sensación que queda es la de que la rueda se atascó como resultado de una quiebra en el engranaje económico, haciendo la confianza de los tradicionalmente convencidos y autoconfiantes empresarios norteamericanos ser reducida a polvo, resultando en una fortuna en caja a la espera de un empujón, una luz al final del túnel, un aliento.

No hay duda sobre la imperiosa necesidad de cambios en este engranaje económico que encantó al mundo por décadas de éxito y dinamismo. Pero tampoco hay dudas sobre la dificultad de una movilización nacional en esa dirección, aún más cuando el escenario apunta una sociedad aún creyente en la fuerza natural de reciclaje y reinvención de su potencial empresarial, y que a su vez es conducida por uno de los gobiernos más desprovistos de fuerza política de su historia.

Franklin Delano Roosevelt (presidenta por cuatro mandatos, de 1933 a 1945) enfrentó una barra y tanto con la gran depresión, pero en su “salvación” vino la Segunda Gran Guerra, y con ella el rompimiento del “punto de inflexión” – a partir de la unión nacional en pro de un macizo empleo de la sociedad en el esfuerzo de guerra y con ello el desatar del nudo económico de su época. La historia que siguió sabemos de color. Pero, ¿y en cuanto al momento actual? ¿Qué desatará el nudo? La hinchada es grande.

Pero no dejemos de mirar los desordenes de la propia casa mientras contemplamos la confusión en los vecinos. ¿No estaremos también en un gigante e imponente “punto de inflexión”?

A partir de 1990, iniciamos finalmente la apertura de nuestros mercados, la consolidación a los trancos y barrancos de nuestra joven democracia y la inevitable inclusión de la palabra competencia en el vocabulario cotidiano de las empresas. En 1994 empezamos a golpear la inflación, cuya caída se consolidó (pero nunca dejó totalmente de amenazarnos) y ante una economía “de verdad” avanzamos e innovamos como pocas veces se observó. En el período siguiente, fortalecemos las instituciones, saneamos el sistema financiero y el propio estado por medio de un fuerte proceso de privatización.

En 2003, inauguramos una fase de explotación del cambio desvalorizado (pero que ahora se ha ido y va a tardar en volver), expandiendo las fronteras del proceso exportador, así como pasamos a valorar y practicar la continuidad de políticas económicas y fiscales que venían bien, independientemente de que hayan sido implementadas por otro grupo político), ponemos en práctica un modelo propio de desarrollo del mercado interno y también surfeamos en la ola gigante y confortable de los commodities.

En 2008, superamos todas las expectativas de los analistas internacionales y de las agencias de evaluación de riesgos, mientras que los iconos del mercado financiero internacional se volvían polvo de la noche a la mañana (a menudo el mismo día en que sus economistas líderes liberaban evaluaciones bastante pesimistas sobre las economías emergentes para luego ser salvos por el dinero de los contribuyentes de sus países.

Pero la cola anda y no es difícil pensar en qué consiste nuestro “punto de inflexión”. Y es justamente por no haber atravesado tantas décadas de bonanza y éxito ininterrumpido que puedo dejar la sentencia así, subentendida e incompleta para ser llenada en la cabeza de cada lector. Sabemos bien dónde están nuestros nudos, ¿no lo sabemos?

Tal vez la falta de espacio para las ilusiones sea una ventaja. Pero no podemos perder tiempo. Hasta el siguiente texto.

Foto de sxc.hu.

Los nudos de la economía, sus puntos de inflexión y Brasil
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