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Los beneficios económicos de la libertad de expresión

Os Benefícios Econômicos da Liberdade de Expressão La libertad de expresión actúa como válvula de ajuste, calibrado y perfeccionamiento del sistema a partir de sus variantes operativas, tales como el arte, la libre prensa y todas las manifestaciones culturales y políticas, clasificadas entre los pilares fundamentales de las modernas democracias. Hasta aquí, cuatro líneas que intentan conceptualizar la aplicación y el valor de ese fundamento elemental de cualquier nación que pretenda mantener un nivel razonable de civilización.

Sin embargo, la complejidad del párrafo anterior se puede resumir en una simple afirmación la libertad de expresión sigue siendo un sentido crítico. Punto final. Y es a partir de ese simple entendimiento que pretendo abordar el valor económico que ese estímulo puede traer.

Es en el ejercicio del contradictorio, en la cotidiana rutina de concordar, discrepar, convencer y ser convencido que nace la verdadera evolución de toda una sociedad – como resultado de todo el proceso económico. Dotada de garantías constitucionales y generalmente acompañada por un fuerte sesgo político, la libertad de expresarse casi siempre se asocia con las garantías individuales y el ejercicio de la democracia ante gobiernos y sus representantes. Pero su alcance puede (y debe) ser ampliado, y para tanto quisiera envolver los ambientes profesionales.

Sé que algunos expertos en gestión pueden torcer la nariz y otros pueden decidir cerrar la lectura por aquí. Bueno, eso es parte, y confieso que convivo bien con opiniones discordantes, después de todo, no es difícil imaginar en cuánto la vida sería aburrida si todos pensasen de la misma forma.

Al mismo tiempo, evidentemente, no pretendo mezclar estaciones al tratar de la libertad de expresión en los ambientes profesionales, imaginando que serían aceptables jefes y empresarios escuchando con la mayor naturalidad los insultos de sus subordinados o distribuyendo santos de campaña para ser votados en el “día de la elección “corporativa” para ser entonces conducidos a sus cargos de mando.

Escuchando opiniones discordantes con naturalidad y atención (colocadas con profesionalismo y respeto obviamente) debería no sólo ser encarado con normalidad, sino también ser un paso deseado. Permítanme, lectores, el mínimo de utopía. Al final, ¿quién gana con el silencio que nace del miedo de un despido o del temor de tener una carrera perjudicada por una evaluación negativa como represalia a una buena, sana y más acalorada discusión de trabajo?

¿Quién gana con el imperio del “lugar común” en lugar del sentido común y del sentido crítico? Mientras escribo este texto, recuerdo el relato de un amigo, director de adquisiciones y nuevos negocios de una empresa farmacéutica, que en todas las oportunidades en las que argumentaba con su jefe (el presidente) sobre la inviabilidad de determinada idea, recibía como respuesta, acompañado por una mirada de desaprobación, como “no necesito directores pesimistas, pero sólo proactivo”.

El presidente en cuestión simplemente no se permitía el beneficio de la duda y, como si no bastara, intentaba neutralizarla en la cabeza del interlocutor a través de su arsenal de frases hechas.

Se habla mucho de los procesos de innovación en las organizaciones, pero me parece que la posible contribución de la investigación científica (esa sí, habituada a lidiar con innovación desde siempre y no sólo con el advenimiento de la generación x, y o z o del surgimiento de la era de la era la conexión veinte cuatro horas al día) queda olvidada – justamente donde los descubrimientos nacen de las dudas y de los cuestionamientos sistemáticos y metodológicamente tratados.

Necesitamos con urgencia superar la frontera de la retórica y construir una vida profesional o corporativa rica e inteligente, con libertad para discrepar, con incentivo al libre pensamiento, con una buena dosis de duda sana que pueda ser expresada, sin temores por la evaluación de desempeño al final del mes.

Los inteligentes agradecen. Los limitados e inseguros sufrir, como siempre sucede en cualquier proceso de gran transformación. Pero todos ganarán, y mucho. El mismo razonamiento vale para el ambiente educativo, pero eso es asunto para un próximo artículo. Hasta allá.

Foto de sxc.hu.

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