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Lo hicimos! ¿Será que Brasil se despertó?

Conseguimos! Será que o Brasil acordou? Por Gustavo Chierighini (@GustavoChierigh), fundador de Plataforma Editorial Brasil.

Estimado lector, no faltaron señales y sólidas evidencias anunciando el deterioro del cuadro político y económico. El social se equilibra en la cuerda floja, pues aún está anclado en los resquicios de alguna (pero decreciente) capacidad de endeudamiento de las familias y por hora en la elevada (pero también decreciente) tasa de empleo – en riesgo por la coyuntura que se anuncia.

Antes de los signos objetivos del deterioro, los indicios psico-comportamentales que, al contrario de lo que sugieren algunos análisis ortodoxos, fuerte relación establecen con la dinámica económica (y política), saltaban ante la pantalla. Ellos fueron clarísimos y explícitos.

La euforia generalizada, la certeza miope en un medio o largo plazo económico a prueba de percances, la creencia en las garantías de nuestro potencial extractivista-energético como fuerza motriz para todo lo demás, para quedarse en pocos ejemplos.

Además, la apuesta irreal en la concepción de un escenario donde las inversiones – así como la ejecución -, en línea con las tan antiguas demandas de infraestructura, serían cartas correctas en un juego que aparentemente no era de mala suerte.

En este contexto, se une una gran parte del empresariado y de pensadores económicos, influenciados por los desastres económicos en Estados Unidos y en la zona del euro, cuestionando la eficiencia del universo ejecutivo privado frente a su similar público en cuanto a la capacidad de conducción eficiente de la economía.

Parece que, poco a poco, una negación del modelo liberal que tanto progreso trajo al mundo libre se fortalecía hacia el status de casi “verdad absoluta” – progreso, claro, siempre que los excesos fueron contenidos por eficiente, pero no excesiva, reglamentación .

No adelantaron las alertas de los disidentes, que eran inmediatamente etiquetados de derrotistas (y recientemente de terroristas económicos) y ni siquiera los análisis en pronóstico de los fundamentos que gradualmente se deterioraban. Ante el precipicio, muchos jugaron escorados en los altos índices de la popularidad gubernamental y en el noticiero internacional.

Se agrega a ello la apatía política, que es típica de la clase media, pero que alcanzando niveles alarmantes (con o sin redes sociales plenamente activas), confería al escenario general el espacio perfecto para la sustentación de una ruta de colisión movida por el combustible del combustible, el exceso ideológico mezclado con la inacción y la quiebra del espíritu crítico.

¿El resultado? Un estado ineficiente (a veces delincuente), excesivamente presente donde no necesitaba estar (obstaculizando), pero totalmente ausente donde debería actuar efectivamente, perjudicando el panorama general, asustando a inversores, debilitando la competitividad, y proporcionando una larga fase de pérdida de oportunidades carísimas, sin precedentes.

¿La consecuencia? Un caldo que reúne ebullición social en manifestaciones de legitimidad incuestionable (exceptuando acciones violentas, depredatorias y excesos), con fuga de inversores (que probablemente aplauden las protestas callejeras, pero tuercen la nariz al equipo económico), apreciación internacional en caída y cambio repentinamente desvalorizado, bordeando el descontrol.

En medio de eso, una clase política luchando para entender el clamor popular de las calles, ensayando aquí y allí declaraciones que intentan converger con la opinión pública, en un vano intento de coger carona en el embalo. En realidad, no faltan sólo ingenieros en Brasil, faltan también buenos estrategas políticos.

Para terminar, me quedo con la costumbre afirmación de que ante la fuerza inexorable de la realidad, surgen los “puntos de inflexión”. Ya estaba en la hora. ¿Qué va a suceder? Veremos. Hasta el próximo.

Foto de freedigitalphotos.net.

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