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La omisión perjudica a Brasil y nuestra sociedad

A omissão prejudica o Brasil e nossa sociedade Gustavo Chierighini (@GustavoChierigh), fundador de Plataforma Editorial Brasil.

En los últimos tiempos, no he conseguido salir de la meseta económica y confieso que eso me causa cierto cansancio. No en escribir sobre el asunto, que es un placer, sino por la constatación cotidiana de un deterioro evitable si la omisión en nuestro Brasil varonil no se hubiera transformado en ideología.

Se dice que en teoría política existe una máxima que dice que un vacío político siempre será ocupado por la fuerza protagonista más relevante. Es decir, si usted se omite, alguien va allí y lo hace por usted. Simples así.

En tiempos de intensa intervención estatal, independientemente de que sea bien intencionada o no, no podemos olvidar que estamos sujetos del proceso -y, lejos de meros coadyuvantes, estamos más para el protagonista que resolvió sacar una siesta.

Por supuesto que eso no vale para todos, pero para importantes actores de nuestra clase empresarial (dejando de lado honrosas excepciones) que, aparentemente, decidieron ver la banda pasar y con ello sufrir las consecuencias de su ruido estridente y claro su desafío.

Inflación que rompe el techo de la meta, deshonaciones que eventualmente acaban por onerar, sectores enteros ansiando para la semana pasar lejos de los golpes oficiales. A cada batucada de la banda, a cada soplo en el trombón, una nueva aflicción. Así, frente a un escenario tan prometedor, surge la pregunta ¿quién es el culpable?

Algunos culparían el cambio de eje de la tierra, otros el tono gubernamental, pero asumir la propia responsabilidad es para pocos. Y el hecho es que somos directamente responsables del escenario en que nos metímos.

Dejamos la política para los políticos, las cuestiones públicas para los formateadores de soluciones públicas, la conducción económica para los economistas oficiales y seguimos mirando exclusivamente a nuestros negocios e intereses privados legítimos, cultivando la falsa sensación de que si no miramos al “bicho” “papá”, él no vendrá en nuestra dirección.

Pero él vino, y vendrá siempre. Él siempre vino, convengamos. Él no vendrá para engullirlo, necesariamente, pero con intenso instinto paternal. Él quiere cuidar de usted, de su empresa y de sus negocios. Él quiere regular (más aún!) Su actuación, quiere dar palpites, influir.

En fin, él está constantemente preocupado en no dejar que usted “haga tonterías”. Pero él cobra, y cobra caro.

Las ironías de lado, vamos adelante. Conscientes de que la intervención gubernamental que vivimos no es exclusividad de uno u otro grupo político, sino una constante en nuestra vida económica varonil desde hace mucho tiempo, es imperativo comprender que una reforma liberal moderna y ajustada a los nuevos tiempos necesita seguir su curso con urgencia.

Pero eso nunca ocurrirá mientras el vacío político exista y no ocupar nuestro espacio. Al final, del sano conflicto entre lo público y lo privado nacen las mejores soluciones, las mejores políticas, la competitividad de la que tanto necesitamos.

Es verdad que una conciencia en esta dirección parece ganar cuerpo, así como algunos movimientos de oposición comienzan, aunque de forma incipiente, a traer de vuelta el sano contradictorio, tan caro para las democracias modernas. Pero necesitamos acelerar.

Y si lo cuidamos, el gatito en el tejado va a agradecer. Él ya empezó a miar y está loco para volver al suelo. Hasta el próximo.

Foto de freedigitalphotos.net.

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