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La inteligencia empresarial no nace por casualidad

A inteligência empresarial não nasce por acaso Por Gustavo Chierighini, fundador de Plataforma Editorial Brasil.

Queridos lectores, iniciaré este texto tratando de transcribir el breve diálogo, que presencié en calidad de abelloso observador, trabado entre un director de respetable empresa (de gran tamaño) y su subordinado ejecutivo y ocurrido en un seminario – precisamente en el espacio reservado para la venta de libros instalados en la salida del evento.

Director “Leer este libro es fácil de leer, que no requiere mucho pensamiento y se ponga demasiado molesta profundamente en la materia.”

Ejecutivo “Está bien, voy a leer, sino también no me gusta demasiado complicadas lecturas están cuestionando todo, todo el tiempo.”

Director “Sin duda esto sea cuestionar las cosas no resuelve nada, no paga las facturas y todavía está perdiendo un tiempo precioso.”

El hecho ocurrió tres días antes de la fecha en que debía preparar este artículo para su publicación y, en ese momento, todavía estaba en duda sobre qué asunto abordar. La conversación que escuché eliminó cualquier dilema. No, no voy a revelar ninguna otra información sobre la empresa en la que trabajan mis observados y ni siquiera el título del libro, sería injusto con la empresa y con la editorial.

¿Queremos superficialidad?
En aquel momento lo que me llamó la atención no fue el libro en sí, sino más bien el rechazo compartido entre los dos interlocutores ante “lecturas complicadas” y, peor aún, la común aversión a los cuestionamientos.

Por supuesto, alguien afirmaría, no totalmente desprovisto de razón, que lo que presencié puede simplemente representar una excepción o aún concluir que se trata de un muestreo muy pequeño, por lo tanto poco relevante de una cultura corporativa.

Entiendo esto muy bien, y de hecho me tortura para estar equivocado. Sin embargo, creo, sí, que este ejemplo representa una cultura, un estilo de comportamiento corporativo, que si no es dominante, es al menos creciente.

¿Sería ésta la regla? Pienso que no, pero sus adeptos no dejan de crecer. Son los fans del superficialismo corporativo, de la perfumería de la gestión. Algo útil en un universo que aunque afirme que la creatividad y la participación hacen que los negocios crezcan (y que colaboradores críticos contribuyen mucho al juego competitivo), detesta lidiar con la “insolencia crítica” y odiar “perder tiempo” en embates intelectuales, encarando estas actitudes como frenos a la productividad ya los resultados.

Usted conoce el viejo profecía de “cuanto más se dice, la menos que haces?”
Este es un fenómeno por el cual el ejercicio de lo “políticamente correcto corporativa” bien practicado, ya sea en discursos o presentaciones en “Power Point”, resulta para garantizar el paso seguro para la realización concreta no en la vida real.

El resultado de ello no queda sólo en la aparente tranquilidad de la inexistencia de conflictos de pensamientos o posicionamientos, pero en la falta de ellos-después de todo, un equipo que no es llevado a razonar, criticar y conflictivamente creativamente o romper la cabeza no puede competir “para valer”.

Se crea con ello un ambiente intelectualmente infértil, con pseudointelectuales reproduciendo modelos copiados y abusando de los eternos “lugares comunes” en busca de la aprobación constante del sistema y de su empleabilidad inmediata.

Este ambiente empobrece a la empresa, los negocios, pero deja el camino libre para aquellos que van más allá del “blá-bá-blá” cotidiano, cobrando, con rigor, la presencia de la inteligencia que sus colaboradores prometieron disponibilizar durante los procesos de selección.

Por lo tanto, queridos lectores, cinco vivos para las lecturas complicadas, densas, que ponen nuestros cerebros a prueba – preferentemente en la lona. La adversidad fortalece, de eso no podemos olvidar. Buenas lecturas y hasta el próximo.

Foto de sxc.hu.

La inteligencia empresarial no nace por casualidad
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