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La escasez de liderazgo empresarial todavía va a devasta

Por Gustavo Chierighini, la plataforma editorial Editorial Brasil.

Estimado lector, últimamente en conversaciones con colegas del mercado, he defendido la idea de que la formación de líderes en el ámbito del universo corporativo / empresarial huye completamente de la realidad. ¿No se trata de una crítica a los modelos de formación – que de hecho pueden eventualmente contribuir a forjar buenas habilidades profesionales – pero estamos ante líderes de verdad? ¿De verdad?

Mi crítica se centra en el exceso de ingenuidad; se cree piadosamente que líderes eficaces podrían nacer en un caldero repleto de clichés, afirmaciones del famoso “lugar común” y modismos de formación, siempre templados por una generosa dosis de patrulla políticamente correcta y cercenamiento de la libertad de opinión.

¿El lector puede imaginar la reacción en el aula de una universidad corporativa cuando un estudiante cuestiona la eficacia de una gestión más abierta y liberal en comparación con un modelo más vertical y autocrático? No se trata de la defensa de uno u otro modelo, sino de la falta de libertad de pensamiento, resultando en la absoluta quiebra de la inventiva.

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Esto sin contar los métodos cuestionables de ejercicios de supervivencia en la selva, con coordinadores repitiendo frases de efecto y evaluando negativamente cualquier reacción que no se “encaje en el perfil”.

El producto final no podría ser otro más allá de una masificación forzada de comportamientos, con desapego por la esencia y el amor patológico por el juego de apariencias. Y no se equivocan, en el mundo emprendedor, desde que éste pasó a ser dotado de “glamour” – y de donde se espera pleno ejercicio de la autonomía – no es diferente, con fuerte adoctrino para formarse el “emprendedor del bien”. Siempre manso, concienzudo, “bacana” y suave.

Todo muy bonito, no fuera esa personalidad excepcionalmente útil para absorber de boca callada, y sin reaccionar, las barbaridades e imposiciones del poder público al ambiente de negocios.

Poder público este siempre interventor, autoritario, recurrentemente ineficiente y, por lo tanto, ávido por nuevos y milagros engranajes burocráticos, y como siempre tarado por el crecimiento de la recaudación fiscal.

Y aquí hago el “enlace” con la coyuntura político-económica actual (que dispensa explicaciones). ¿Qué pasó con nuestros “líderes” empresariales / corporativos? ¿Dónde están los super-ejecutivos brasileños?

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¿Cuál es el motivo de tanta tolerancia, con tantos absurdos, en una tierra con todo para salir bien, pero que siempre, al final, acaba navegando contra el precipicio? ¿Dónde están las entidades de clase? ¿Dónde fue parar nuestro protagonismo?

Es obvio que existen excepciones, honradísimas excepciones. Tanto en el contexto de la formación, como en medio del gran empresariado y algunas muy pocas entidades de clase (que no pueden y no consiguen aguantar el tranco solos y sin unión). Sin embargo, todavía queda la pregunta ¿por qué ese “líder moderno” quedó tan calado?

Hasta el próximo.

Foto “Under pressure”, Shutterstock.

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