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La economía brasileña y sus señales de alerta

La economía brasileña y sus señales de alerta En los últimos tiempos (quizás años) hemos sido críticos de primera hora de las políticas económicas trazadas por el gobierno de la presidenta Dilma y su ministro longevo Guido Mantega. Nuestro tono de críticas y de innumerables otros economistas a la economía brasileña sólo ha ampliado, a partir de la divulgación de nuestras cuentas públicas y externas.

Los ejemplos para ilustrar esto son amplios. Podemos empezar con la lenidad en el trato de la inflación, siempre cercana al techo de la meta del 4,5% y con los gastos fiscales crecientes y expansionistas.

Cabe mencionar también el déficit comercial maquillado por las “exportaciones” de plataformas de petróleo, superávit primario insuficiente para cambiar la tendencia ascendente de la deuda, déficit nominal superando el 3,45% del PIB, déficit en cuenta corriente y la necesidad de financiación cada vez más elevada .

Esto sin tener en cuenta la contabilidad creativa existente desde 2012, que puede contener trampa para los economistas menos observadores. ¿Y qué tal las triangulaciones entre empresas públicas y el Tesoro y la vergüenza de empresas para ingresar en el Refis y mejorar cuentas públicas al final del año?

Y aún sobran los cambios frecuentes de marcos regulatorios y las privatizaciones (lee, por favor, concesiones) amarradas por participación de empresas estatales ineficientes e inhibidoras de mayor participación del sector privado.

Pues bien, los signos de problemas en la economía brasileña estaban todos ahí y ahora pasamos a recoger los efectos de todo eso. Las ventas al por menor pasan a sufrir con el crédito más escaso, el endeudamiento de las familias y los intereses nuevamente crecientes.

La producción industrial no disminuye por la reducción de inversiones del sector privado local y de inversores extranjeros; y nuestras exportaciones y empresas quedaron menos competitivas.

Incluso los consultores más famosos del gobierno Dilma, como el ex ministro Delfín Netto, se transmitieron en críticos de la política económica que atiende con alguna simetría a lo que se practicaba en los años 1970.

Los signos más fuertes de estos errores de política económica e intentos de medidas anticíclicas en la economía brasileña están ahí. El PIB del tercer trimestre anunciado recientemente, en contraposición del 0,5%, es sólo una evidencia más.

La industria creció sólo el 0,1%, el mismo para el sector servicios, y ambos se quedaron prácticamente estancados. La agricultura, que había salvado los PIB de trimestres anteriores, tuvo una caída acentuada del 3,5% y la formación bruta de capital fijo (FBCF), que sirve para indicar apalancamiento futuro, cayó un 2,2%.

La tasa de ahorro del 15% del PIB es demasiado débil para quienes desean mantener un alto crecimiento, lo mismo que para la tasa de inversión, obtenida del 19,1% del PIB.

El PIB errático de los últimos trimestres de expansiones y contracciones sólo refleja la política económica “curtoprazista” del gobierno y el crecimiento (cuando ocurre) es de baja calidad, lo que debe llevarnos al tercer año de crecimiento mediocre.

Necesitamos urgentemente ajustes en la política fiscal. El cambio necesita buscar un mejor equilibrio y con menor interferencia del Banco Central (BC), además de cambiar la tendencia de la inflación, buscando convergencia hacia el centro de la meta en un plazo más corto.

Esto va a exigir mayor actuación del BC en la política monetaria, ya que el gobierno no hace mínimamente su parte. Necesitamos cambios en el rumbo de la política económica y de un choque de credibilidad por parte del gobierno en perseguir metas positivas que agreguen confianza a los inversores privados locales y extranjeros.

De lo contrario, la “tempestad perfecta” acabará por alcanzar la costa brasileña, y ahí vamos a sufrir aún más. ¿Qué queremos para la economía brasileña en 2014 y para el futuro?

Os dejo aquí mi invitación a que para conocer la libre libro electrónico “Educación financiera Invertir en una vida feliz” (haga clic para descargar), una asociación Orama y Dinheirama, cuyo objetivo es contribuir a su felicidad y un mejor nivel de vida en el futuro.

Gracias y hasta la próxima. Foto “Choice 2014”, Shutterstock.

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