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Felicidad el lanzamiento del siglo XXI

Felicidade o lançamento do Século XXI Hace unos días leí un interesante artículo de filósofo francés Pascal Bruckner, titulado “Condenado a la alegría” (Condenado a la felicidad). En el artículo, el autor pasea por la Historia de la Humanidad evidenciando la relación del Hombre con ese sentimiento hasta llegar a los días de hoy, donde vivimos el “Culto a la Felicidad”. Esta diseminación indiscriminada de la idea de que tenemos la obligación de ser felices y hacer que nuestros hijos felices es bastante peligrosa.

Primero, porque es la manera más eficaz de enloquecer a la humanidad – y eso no es difícil de constatar, ya que el mal de este siglo se resume al tedio ya su expresión más poderosa la depresión, presente hasta en niños! En segundo, porque la felicidad es colocada como algo que puede ser adquirido a través del consumo de los más variados bienes y servicios coches, casas, terapias, cirugías, cursos, viajes, cosméticos, tratamientos etc.

Como el propio texto dice, la felicidad nos ha sido negada durante mucho tiempo, pero ahora está disponible en una tienda cerca de usted y puede incluso ser entregado en su casa en sólo un día hábil después de la confirmación del pago!

La felicidad es el gran “lanzamiento” del siglo XXI y todo el mundo quiere tenerla (y puede tenerla). Como si “ser feliz” fuera nuestra gran recompensa o la gran meta de la Humanidad, cuando en realidad esa gran recompensa o meta es el EQUILIBRIO. Y, mira qué cosa curiosa cuanto más buscamos la felicidad, más desequilibrios nosotros causamos a nuestros hijos, a nosotros mismos, a nuestra comunidad, al planeta y por ahí va.

Sin querer entrar en un discurso “ecológico-bola de la vez”, la búsqueda y la tendencia al equilibrio son marcas registradas de nuestro planeta. Es una cosa que, de tan obvia, parece que ni existe. Las leyes naturales que están ahí desde antes de nuestra aparición sobre la faz de la Tierra -y que probablemente seguirán existiendo aunque nuestra especie desaparezca -nos enseñan, o al menos nos advierten, para esa gran meta.

La humanidad siempre se relacionó con la naturaleza -que al final es lo que, en última instancia, dicta la calidad de vida y de muerte en este planeta (y no los avances tecnológicos, que por supuesto tienen su valor) – como si fuera una villana y, no una maestra.

Teamos en negar la búsqueda por el equilibrio en nombre de la búsqueda de la felicidad. Sin embargo, esa actitud trae como efecto colateral el miedo a la fragilidad, el miedo a sentirse no feliz. Digo no feliz porque tenemos miedo de sentir (o al menos de admitir, como el propio texto plantea) cualquier otro sentimiento como tristeza, rabia, ansiedad, miedo, inseguridad, frustración y euforia. Como si la felicidad fuera un antídoto para esos “estados mentales anormales”.

Una vez oí una metáfora que creo que cabe muy bien aquí. La gente tiende a pensar que un individuo “feliz” o equilibrado se asemeja mucho a una roca estable, inquebrantable, fuerte. Pero en realidad, la persona verdaderamente equilibrada se parece mucho más con un móvil.

Y lo que es un móvil si no un todo hecho de varias partes – y que, se diga de paso, cuanto más partes tiene, más atractivo es – que si están en perfectas condiciones siempre harán que el todo vuelva naturalmente al equilibrio mismo después de una tapa, una broma, una brisa o una ventanilla?

Como todo gran avance en términos sociales, políticos o económicos siempre ha tenido como resorte propulsor el sufrimiento generalizado de la Humanidad, creo que el efecto colateral de ese gran “lanzamiento” del siglo XXI contribuirá, sobre todo, a que la humanidad inicie su camino hacia el equilibrio.

Si no queremos sucumbir o ver a nuestros hijos sucumbir a esa propaganda engañosa de consumir felicidad – y acabar llevando a casa una bolsa llena de vacío – la única salida es buscar el equilibrio. La única salida es tomar conocimiento de las partes que componen el todo, aceptarlas y salir por ahí girando móvil, sin la menor pretensión de ser feliz!

Foto de sxc.hu.

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