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En tiempos de crisis, pulso firme y liderazgo de verdad (y no lo que están haciendo por ahí)

Por Carlos Jenezi, especializada en el desarrollo de productos y escritor Brasil Plataforma Editorial.

Nada peor que la sensación de barco a la deriva en períodos de crisis. Tenemos como ejemplo más claro en los días de hoy la situación política de Brasil, donde la falta de liderazgo y protagonismo de quien comanda empeora aún más un escenario ya bastante adverso.

En el mundo privado la situación no es diferente. Por el contrario, es mucho más común y posiblemente más dañino para la sociedad. Siempre me pregunté cuáles son los grandes y verdaderos desafíos que la alta dirección de una empresa necesita enfrentar para justificar salarios millonarios y bonos estratosféricos.

Las competencias necesarias, el tiempo me respondió, pasan lejos de cualquier conocimiento técnico. En cualquier área de actuación corporativa, ya sea financiera, marketing o recursos humanos, las competencias técnicas pueden ser dominadas con estudio y algunos años de experiencia.

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En resumen, con el ascenso jerárquico, tales “predicados” se vuelven cada vez menos importantes. La diferencia, definitivamente, está en la amplitud de visión (la llamada visión estratégica) y en la actitud que los momentos agudos exigen, sean positivos o negativos, las llamadas crisis.

Son en esos momentos que el liderazgo hace toda la diferencia. Saber “leer” el momento, tomar las decisiones correctas y lo más importante, actuar rápido, es lo que diferencia gerentes de gestores, simples jefes de verdaderos líderes. Nada más angustioso para liderados que la sensación de “nau a la deriva” y vacilación en la toma de decisión.

Muchos ejecutivos, en el momento de los problemas serios, se hurta de las decisiones (a veces impopulares) ocultándose detrás de informes más detallados, mejora en la situación externa o lo que es peor, algún ángel de la salvación venido de arriba (sus propios jefes). . Estos “líderes” se olvidan de que una decisión no tomada ya es, por sí misma, una decisión tomada.

Desafortunadamente, ese tipo de líder es cada vez más común, probablemente más un retrato de nuestra sociedad actual, un tanto como medrosa, sin burla, y lo que es peor, sin propósito. Confunden prudencia con inoperancia, madurez con falta de pulso.

Aferrándose a sus primas anuales y sus pequeños lujos, adopta la actitud “Voy a estar tranquilo en mi esquina hasta que pase la tormenta.” Pero ella no pasa. O pasa, llevando a todo ya todos. Cuidado y atención para este tipo de comportamiento. ¡Hasta la próxima!

Foto “Businessman new idea”, Shutterstock.

En tiempos de crisis, pulso firme y liderazgo de verdad (y no lo que están haciendo por ahí)
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