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Emprendedor clichés vacíos que no paran de pi

Por Gustavo Chierighini, la plataforma editorial Editorial Brasil.

Estimado lector, con buena parte del año aún por delante, nada sería más natural para gestores y emprendedores que un examen cuidadoso de las tácticas y métodos a ser adoptados en la larga jornada que aún tenemos por delante.

En medio de modinhas e innovaciones requentadas de última hora, nadie quiere experimentar el fracaso (aunque éste sea de un valor didáctico inestimable). Por supuesto, 10 entre 10 profesionales buscan el éxito en sus emprendimientos y proyectos, y en este caso hacer mejor (o hacer diferente) puede ser justamente la pieza que falta en el rompecabezas para una ejecución brillante y singular.

Sin embargo, para lo que el tiro no sale por la culata, vale la pena atentar para algunas realidades. La regla general es que no hay regla, a no ser el valioso y atemporal “buen sentido”, que es primo hermano del “sentido crítico” y primo de segundo grado de la sana desconfianza.

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Esta vez, haremos nuestro enfoque a partir de algunos clichés muy propalados, pero que merecen una mirada de lupa. Considere lo siguiente

“Líderes inducen, pero jamás dicen lo que hay que hacer”

Sí, estamos en la era donde las habilidades de liderazgo poco a poco diluyen las antiguas capacidades de los antiguos jefes. Todo bien, pero un líder que no puede ejercer ningún comando en los momentos críticos o en los puntos de inflexión (muchas veces cotidianos o semanales, dependiendo de la actividad) poco va a servir para llevar a cabo un proyecto o emprendimiento ambicioso.

Además, convengamos, si todos son líderes, ¿quién va a decir lo que hay que hacer? ¿O mejor, si nadie dice lo que debe hacerse, tendremos que contar con una organización donde las personas se mueven y actúan de forma automática y en absoluta sintonía de adivinación?

“Toda innovación es bienvenida”

La afirmación es hermosa y muchas veces golpea con la realidad, principalmente en aquellos casos de aplicación tecnológica inmediata en la vida cotidiana (muy común en el universo de las tecnologías de la información, de las telecomunicaciones, de la salud, de la construcción civil o de transporte).

Sin embargo, cuando la innovación ocurre en el mundo de los conceptos y prácticas de conducta, una mirada de microscopio puede protegerle de la pérdida de tiempo y de dinero. Por un simple motivo lo que puede ser excepcionalmente aplicable en una empresa, puede ser destructivo en otra.

Las prácticas que hacen el trabajo más productivo en una organización pueden trabarse completamente otros ambientes. La singularidad productiva de cada caso, negocio o proyecto, debe siempre imponernos la necesidad y el coraje de criticar patrones empaquetados.

Sin eso, nos transformamos en micos corporativos a inspirar las tiritas de Dilbert. En el tiempo, el nazismo fue en su época entendido como una innovación del pensamiento político, para tener una idea del peligro del comportamiento “es señal de innovación, entonces es bueno”.

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“La disciplina mata la creatividad”

Esta afirmación es tan vacía y sin nexo que voy a resumir el comentario sugiriendo, para aquellos que creen en ella, un poco de lectura sobre la vida y la obra de Leonardo Da Vinci.

“Ahora que la crisis está pasando, enfrentaremos años de bonanza”

De todos los clichés más comunes, ese es uno de los más peligrosos. Él esconde la realidad de que la bonanza se construye con disciplina económica, planificación cuidadosos y mucho, pero mucho deber de casa bien hecho.

Cuando esos elementos se dejan de lado en función de una creencia exageradamente optimista en el futuro, lo que se cosecha recibe el nombre de “crisis económica”.

“Largué la vida corporativa para tocar mi propio negocio y con ello llevar una vida más equilibrada”

Pocas afirmaciones son tan desconectadas de la realidad como ésta, a menos que el emprendedor en cuestión sea de mentirinha. Los empresarios de verdad invariablemente sacrifican, y mucho, la vida personal y su equilibrio en pro de sus sueños y proyectos.

Los emprendedores de verdad recogen, en el día a día, algunas aflicciones, una buena dosis de ansiedad y miedo controlado de los peligros inherentes a la aventura – y sepa que quien no tiene miedo o es loco, o es infantil, o no sabe con lo que está lidiando .

Sin embargo, ante todo, los verdaderos empresarios y emprendedores todavía prefieren vivir en ese remolino. Sí, no se puede tener todo en la vida.

“Los inversores les gusta el riesgo”

Puede ser, tal vez el inversionista ficcional retratado en alguna obra cinematográfica o de la dramaturgia. Los inversores de verdad huyen de los riesgos y las incertidumbres. Sin embargo, como es imposible evitarlos, los inversores aprenden a aplicar sus recursos en escenarios compuestos por la mejor composición de riesgo / retorno.

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No es por otro motivo que gobiernos muy interventores de la economía y que en todo momento cambian las reglas del juego acaban por ahuyentar a inversores de calidad. ¿El resultado? Como siempre, “crisis económicas”.

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