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El valor precioso de la realidad como es, y lo que podemos aprend

Piense en los jefes y las personas en el cargo de jefe que usted ha conocido o conoce. Pensó? Ahora viene conmigo.

¿Has notado cómo las personas andan intolerantes? ¿Cómo usted o sus conocidos tienen dificultad para aceptar el error ajeno? ¿Cómo todos adoran apuntar sus dedos, pero raramente asumen los propios errores? Y al final de todo esto, ¿cómo se olvidan las cosas del día para la noche?

¿No es gracioso en una era en la que tenemos miles de millones de terabytes como una monstruosa memoria virtual, para almacenar todo lo que queramos, las cosas queden olvidadas tan rápidamente?

Nadie se acuerda de nada, sobre todo de las cosas equivocadas que hicieron ayer. Todos simplemente las borran o ignoran. Absuelga a los bandidos como si fueran santos. Memoria corta o hipocresía?

La verdad de fácil digestión

Ser hipócrita forma parte del comportamiento humano, después de todo, nuestra supervivencia parece estar ligada a la hipocresía. No toleramos la verdad como ella es grosero. Nos gustan los afagos en el ego y tenemos gran dificultad – o miedo mismo – de dar lo que realmente pensamos en relación a los demás, como no aceptamos que hagan con nosotros.

Y así, la verdad es siempre fantaseaba para suavizar su carácter brutal y cruel. Las pocas veces en que ella se dice, ocurre en forma de manifestaciones exaltadas llenas de agresiones verbales, psicológicas e incluso físicas; como si para hablar la verdad tuviéramos que agredir.

Hablando la verdad se ha convertido en sinónimo de lucha. De lo contrario, será enmascarada y amenizada. El peor de ese escenario es que ni en las peleas la verdad es dicha como debería. En ese caso, ella viene con una carga emocional exacerbada donde lo que es malo tiende a ser dicho de una manera mucho peor.

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Esto significa que, no se trata sólo de decir la verdad, sino de herir a quien la está oyendo. ¿Será que la sociedad siempre ha sido así? ¿Ya ha notado que las personas que hablan lo que piensan tienden a aislarse – o ser aisladas – de los grupos sociales? Se convierten en personas non agradecido. Aquellas que nadie quiere cerca.

¿Por qué sucede esto? Porque esas personas son aburridas, sólo hablan de asuntos muy profundos, les gusta discutir problemas y hablar abiertamente lo que sienten sobre algo. Son personas de opiniones fuertes que las defienden de manera férrea. ¿Y qué pasa? A nadie le gusta.

Un dedo que usted apunta, tres apuntan para usted

Es divertido ver cómo estas personas ignoran sus errores -o los ocultan- para apuntar sólo los errores de los demás, que, la mayoría de las veces, son mucho más blandos que los suyos.

Como no importa cuántos aciertos o cosas buenas una persona haga, siempre el mínimo error hace que todo sea olvidado. Es una era de mucha intolerancia. Todos tienen siempre una crítica a hacer sobre todo, pero raramente son capaces de ver que tal crítica puede estar fundamentada en sus propios errores.

Nada que nadie haga esto a la altura de esas personas, cuando ellas mismas tienen una capacidad dudosa o limitada para resolver problemas similares a los criticados.

Todos son responsables

Leído con gente así todos los días. Lo peor de eso, la mayoría en posiciones de destaque, de jefatura. Y cuando yo dejo de esa manera, me cobra de forma severa para intentar no repetir más esa actitud.

¿Las personas perdieron el valor? ¿O nunca tuvieron? ¿Usted vale tanto tiempo como durar el interés ajeno, sea empresa o amigos? Asustado, pero real. Y todos estamos involucrados en eso en algún nivel.

Nadie se preocupa por nadie más. Las personas no se colocan en el lugar de las otras. La ceguera es generalizada. Todo lo que todos hacen es juzgar. La pregunta que queda es ¿quién pensamos que somos para hacer juicio de valor? Esos somos nosotros; los seres más arrogantes y pretensiosos.

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Estamos llevando las empresas y el planeta al colapso dada nuestra arrogancia. La pregunta persiste es ¿quiénes somos? ¿Cómo podemos juzgar y condenar a una persona que pasa hambre por pedir limosna?

Nos sentimos bien cuando nos damos lecciones morales libres en mendigos tipo “¿Por qué no se va a trabajar?” Pero nunca se detuvo un momento para pensar acerca de cómo la persona llegó a un tamaño situación desesperada, hasta el punto de pedir.

Como si el mendigo fuese miserable por opción propia; como si no prefería tener un trabajo digno y una vida cómoda fruto de su esfuerzo (ok, algunos no quieren). No imaginamos las dificultades atroces que esa persona pasa todos los días sólo para mantenerse viva hasta el día siguiente.

¿Y por qué no lo hacemos? Porque somos arrogantes hasta el punto de juzgar a una persona que está en una situación tan precaria que, ni en nuestras peores pesadillas, seríamos capaces de entender.

Por cierto, jamás buscamos entender nada, sólo juzgamos y condenamos. O para dormir bien, de vez en cuando, estiramos un puñado de monedas por la ventana del coche, como si éste fuera el mayor de los gestos humanitarios.

Tercerización de la responsabilidad

Todo se trata de sentirnos bien, porque una vez más no logramos sobrevivir a la verdad de los hechos que nos rodean. Preferimos pintar el mundo de azul, aun sabiendo que siempre será gris.

Creer, en el fondo, todas las personas quieren lo mismo tener un medio legítimo de sostener una vida con el mínimo de confort para usted y su familia. Nadie quiere vivir huyendo, con miedo, al margen de la sociedad. La gente quiere pagar impuestos, quieren caminar en la línea, sí!

Parece loco decir que alguien quiere pagar impuestos? Pero es real. La sociedad crea estas distorsiones; el gobierno genera tantas dificultades que hay evasión de impuestos, cuando debería simplificar y disminuir la carga para que todos pagar en una buena.

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Pregunte a un camello y él dirá que prefería pagar impuestos y trabajar de forma legal a estar siempre con miedo de la policía e incierto sobre el mañana.

Preferimos vociferar sobre las mazelas del mundo en una rueda de oyentes, señalando la gran culpa del gobierno, para simplemente no asumir la parte culpable que nos corresponde ante una sociedad enferma y, por lo tanto, simplemente no hacer nuestra parte.

Y hay quienes hablan a plenos pulmones que no mienten. Esta, por sí sola, ya es la mayor mentira que un ser humano puede contar. Pero esas personas creen por algún motivo en lo que ellas hablan. Es una mentira contada tantas veces que la persona que la cuenta pasa a creer en sí misma.

Este tipo de gente juzga a todos a su alrededor todo el tiempo y cree, de manera ciega, que la verdad bajo su óptica es superior a la de todos los demás. Es capaz de condenar al mundo, pero incapaz de reconocer sus propios errores y debilidades. Y más incapaz aún de aceptar que otros le digan sus propias verdades.

¿Quién critica abiertamente debería saber escuchar críticas, cierto? Mal! Esos son los que menos logran lidiar con la verdad que los demás le imponen.

conclusión

Este es el gran mal de nuestra sociedad hablar es muy fácil y es lo que más se hace; todos hablan mucho. Lo difícil siempre ha sido y siempre será oír y hacer. Escucha más, actúa más y habla menos. Y cada vez que juzga a alguien, se siente antes en el banco de los acusados; su crimen puede ser mucho peor.

El prejuicio es la base de toda esta ignorancia, arrogancia e intolerancia. Póngase en el lugar de la gente y piense siempre antes de hablar de alguien que no sea usted mismo. Un verdadero líder es elegido y no autointitulado. Sea más líder, menos jefe. Sus dirigidos, la empresa y el mundo agradecen.

El valor precioso de la realidad como es, y lo que podemos aprend
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