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El intervencionismo y el Estado Papá

dinheirama-posterior a la intervención estatal-Papá Por Gustavo Chierighini (@GustavoChierigh), fundador de la Plataforma Brasil Editorial.

Estimado lector, mientras el panorama económico insiste en la “pista de patinaje” y en la espera de la reanudación de algún nivel de confianza de inversores, consumidores y empresarios, me vuelvo hacia el origen de algunas molestias. Resucitados, evitamos predicciones así como tampoco nos arriesgamos a engrosar coros más optimistas.

Al observar las mazelas de cerca, constatamos fetichismo en estado bruto y abundante. Más que eso, ellas están dotadas del don de la supervivencia, resistiendo a los siglos, a los líderes y permeando prácticamente todos los matizes partidario-ideológicos de nuestra joven historia.

Historia, como sabemos, de intervencionismo estatal constante e ineficiencia gubernamental (viejas hermanas de sangre), con breves brotes aquí y allá de reformas liberalizantes, pero que son sólo brotes, que luego pasan.

Y cuando pasan, he aquí que surge él, el poderoso, magnánimo, mayoritario y abrumador Estado Papá. Fuerte, manipulador, seductor, perezoso y caro, muy caro como sabemos tan bien.

Alimentado por la progresión de su propio tamaño – cuanto más necesario (y más caro) – y por el fetiche que algunos alimentan sobre sus “poderes robóticos”, el Estado Papá se va cada vez más melindroso y fuerte para perennizar su necesidad, por más que muchos de sus hijos desean libertad, emancipación y menos molestia.

El hecho es que, envuelto en un fetiche de doble vector – el Estado Papá exagera en la concepción de su misión, así como parte de sus hijos carece de imaginación para vivir sin él -, acaba por originar una resultante dotada de enfermiza interdependencia, que retrasa el progreso, emperra el desarrollo tecnológico de punta (y el mediano también) y desalienta el libre emprendedorismo.

En resumen, esta acogida nítidamente liberal puede incluso sugerir más de lo mismo a los espíritus más críticos y aversivos al pensamiento único, pero traigo a la luz la justicia de que el problema en cuestión no es privilegio de ejecución de uno u otro grupo político – antes, él se encuentra atrapado atavialmente a nuestro ADN cultural.

¿Cómo solucionar ese enigma? Sugiero una receta compuesta por bajísimas dosis de tolerancia a la ineficiencia estatal, fuertes dosis de conciencia tributaria y fiscalización indagadora de las políticas públicas.

A esto se suma una pizca de saludable irreverencia civil y urgencia por libertad de acción, creación y pensamiento crítico. ¿Qué añadirías a esa receta? Deja tu opinión en el espacio de comentarios abajo. Hasta el próximo.

Foto shadow on the wall, Shutterstock.

El intervencionismo y el Estado Papá
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