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El gobierno brasile√Īo va hacia arriba (de los otros)

O governo vai pra cima (dos outros) Por Gustavo Chierighini, fundador de Plataforma Editorial Brasil.

Las quejas del brasileño ante el universo de servicios comúnmente consumidos es enorme, más que eso, llega a ser folclórica y casi cultural. Es caro vivir en nuestro querido país. Por un conjunto de razones que, como sabemos, extrapolan la lógica y el deseo del mundo empresarial, pagamos caro por servicios que casi siempre nos ofrecen mediana calidad.

En las excepciones, cuando el vendido es efectivamente entregado, el resultado es casi una adoración pública. Por último, estos son los hechos. El análisis de este contexto es compleja, involucra cuestiones culturales, nuestro apego a un modelo operacional de baja precisión, una fiscalización deficitaria y poco rigurosa en lo que es esencial y, como no podría dejar de ser, un impacto gubernamental y legislativo que carga en tributos , cargas, tasas, cara burocracia y deficiencia en infraestructura básica.

En resumen, una bella ensalada de ineficiencias. La vieja y determinante mezcla de la “hambre con la voluntad de comer”. El resultado no podría ser otro muchas quejas, un sentido común de inquietudes y, por supuesto, inmensas oportunidades para quien sea mínimamente atento y elegante.

Oportunidad para quien, de hecho, además del marketing y del lero-lero corporativo, se esfuerza efectivamente para atender bien a sus clientes, con mucho más que los cansancios mensajes socialmente responsables que actualmente inundan la narrativa de las centrales de atención a lo largo de los años los hiatos de espera. Atender con servicios precisamente bien calificados o minimamente de acuerdo con los contratos firmados.

El gobierno también es exigente …
Pero no son sólo los empresarios serios y dedicados que ven ganados en nadar en contra de la incompetencia de servicios. Con ellos concurre el gobierno, en busca de espacio y votos (todo bien, todo bien, no sólo eso), que en su función de inductor regulatorio, pasó a atrapar pesado con sectores representativos de la reclamación nacional.

Pragmáticos y contando con la infantería del Banco Central, comenzaron dirigiendo las baterías para los intereses bancarios. En la estela del monstruo, instituciones fueron dejando paso a las presiones y reducir sus tasas “movilizados para cumplir con el nuevo tiempo”, en palabras de un banquero. A continuación, dirigieron el fuego a las teles, donde por medio de la agencia reguladora sectorial movieron un conjunto de castigos absolutamente sin precedentes.

Ahora el radar gubernamental se dirige al sector automotriz, donde amenaza con cerrar la reducción del IPI si las automotrices deciden sostener despidos relevantes para encarar los nuevos vientos económicos. Los planes de salud parecen estar en la mira. Hasta los atletas en las olimpiadas se están cobrando por cuenta de los recursos públicos en ellos asignados.

… pero prefiere cobrar sólo de los demás
Muchos aplauden, otros son tomados por la dulce sensación de revancha, pero los más críticos observan lo obvio, y cuestionan

  • Cuando el gobierno va a mirar hacia el propio espejo?
  • ¿Cuándo asumirá sus propias deficiencias sin demandar nuevos impuestos para sanearlas?
  • Cuando actuará de hecho, reduciendo el déficit de infraestructura que aplasta nuestra productividad?
  • ¿Cuándo va a actuar firmemente en favor de las reformas tributaria y laboral (existen otras de gran importancia estructural)?

Las respuestas quedan en el aire. Ok, es verdad que algunas iniciativas en esa dirección están entrando en curso, pero de lejos con menos rigor e intensidad que las otras que trajeron tantos festejos a los consumidores. Tenemos mucho que hacer, ¿no?

Esperemos, pues, sin dejar de trabajar. Hasta el próximo.

Foto de sxc.hu.

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