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Economía y Política finalmente con los pies en el suelo!

Economia e Política finalmente com os pés no chão! Conforme cometí en artículos anteriores, aguardaba el momento para nuevamente abordar nuestra mierda económica. Hoy vuelvo al asunto, pero, como siempre, no dejaré de lado el momento político, ya que se trata, lamentablemente, del vector principal de la vida económica en nuestro país.

Por mucho que el mundo de la empresa / empresario evitando política y sus agentes, por más de teimem para dejar a un lado y evitar cualquier tipo de participación o la militancia, no podemos olvidar que vivimos con unos ingresos correspondientes al 35% de todos la riqueza generada – y peor aún, alrededor de 100 millones de brasileños – la mitad de nuestra población – viven la totalidad o parte de los fondos transferidos por los tres niveles de gobierno (municipal, estatal y federal).

Estos datos alarmantes (o dramática), que viene de los estudios de economista Raul Velloso – presidente de Brasil el movimiento eficiente y un experto en las cuentas públicas de nuestro tiempo – muestran hasta qué punto el aparato del Estado, y por lo tanto el proceso político, influencias nuestras vidas. Luego, disociar el mundo corporativo, emprendedor y de la libre iniciativa de ese elemento se convierte, por lo menos, en una falla grosera.

En resumen, no sería absurdo decir que Brasil, a pesar de todo el proceso de privatización y de las modernizaciones que se implementaron a partir de los años 90, sigue siendo una nación con predominante influencia estatal, garantizando a la dinámica política la debida relevancia estratégica.

En este contexto, lo que nos queda es torcer para que el rodillo compresor gubernamental no avance cohesionado y abrumador sobre nuestras vidas, derechos y libertades. Y no es por otro motivo que conmueve cuando, en el noticiero cotidiano, observo las dificultades que el actual gobierno enfrenta -me refiriendo la esfera federal-, sea para coordinar su base de apoyo parlamentario o para avanzar en proyectos estratégicos.

En ese escenario añado el panorama económico, marcado por la dificultad de contener la valorización de la moneda y atascado por la necesidad de las absurdas tasas de interés para contener la inflación. En resumen, vivimos en una novela dramática con importantes actores, pero con un protagonista principal muy bien definido llamado gobierno.

Y no se equivoca al imaginar que soy de la clase del “cuanto peor mejor”. ¡Nada de eso! Por el contrario, simplemente creo en la fuerza renovadora y en la capacidad de reciclaje de las sociedades. Y lo que más me deja feliz es justamente esa creciente percepción en casi todos los círculos y ambientes.

Es natural que, a corto plazo, esa sopa no sea nada digestiva. En el largo plazo, sin embargo, fortalecerá el sistema como un todo, una vez que traídos a la conciencia de nuestros problemas políticos, sociales y estructurales, estaremos obligados a buscar soluciones, mejoras y ajustes. Esto si queremos mantener el mito en el que el mundo nos ha colocado, “una poderosa nación emergente” – cabe recordar que antes no había cobro internacional y bastaba convivir con las frustraciones domésticas.

Con el pie en la realidad tal como ella se presenta, y aún sin navegar en mar revuelto, podremos, sin el pánico de los griegos o el grito de victoria español de los años 90, evitar definitivamente los ufanismos infantiles y la creencia sin sentido, que venía ganando terreno en los últimos años, que a partir de ahora en la vela “libre de obstáculos y un máximo alcanzado por marolinhas inofensivos” y dedicar nuestra energía en la búsqueda de soluciones duraderas, sostenibles y consistentes.

Cuando el velo del entusiasmo barato cae, estamos despiertos por el grito de la realidad. Entonces nos queda un solo camino, que está muy lejos de conmemoraciones o consagraciones miopes, pero nos empuja y nos impulsa a seguir adelante, conscientes de que en la democracia donde vivimos no habrá espacio para omisiones. ¿Estás listo para formar parte de todo esto?

Un gran abrazo y hasta el prójimo.

Foto de sxc.hu.

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