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Econom√≠a Brasile√Īa el gato asiste de la azotea

Economía Brasileña el gato asiste de la azotea Por Gustavo Chierighini (@GustavoChierigh), fundador de Plataforma Editorial Brasil.

Queridos lectores, por favor no me maten. No se sienten ofendidos por una vez más bajar el sonido de la fiesta (y qué fiesta no es así?) Para despejar en estas líneas mis presagios, extraídos directamente de la bola de cristal del obvio ululante, pero que de tan creativo y diverso merece nota, algunas indagaciones y análisis. Sí, mis amigos, el futuro pide reflexión.

No, no abordará la morfología técnica del “Pibinho” de 2012 (y en cuanto al de 2011, todavía intento olvidar), pues esto es conocido y ampliamente divulgado. Hasta aquí, al menos, nuestros institutos preservan su dignidad publicando datos reales, con componentes completos. Se trata antes de pensar en las relaciones de causa y efecto.

Propongo un viaje que supere lo obvio. Quiero ir más allá de las críticas (acertadas) sobre la creciente intervención gubernamental que vivimos en la economía y sin llamar la atención sobre los evidentes efectos que la baja inversión trae.

Tampoco destacé los impactos del Costo Brasil, involucrando la cuestión educativa, el déficit de infraestructura, la burocracia masacrante, la inseguridad jurídica o el rodillo compresor tributario que nos aplasta con su carga y complicaciones.

Esta vez quiero hablar de alternativas. Antes, una salvedad engañará a quien imagina una receta de pastel, pues ésta es simple y conocida. Se trata, antes, de la importancia de la existencia de una luz al final de la carretera (creo un túnel muy dramático), siempre necesaria, siempre útil para cualquier economía, en cualquier nivel de rendimiento.

Explico la ausencia de un modelo alternativo de conducción económica, que se centra en el origen de los problemas y atenúa sus efectos, elimina el contradictorio del debate nacional. Sin el contradictorio quedamos rehenes de un carnaval de una banda sola.

Para un buen entendedor, me estoy quejando de la falta de una oposición estructurada, que sepa más que gritar y denunciar, pero concebir, edificar y hacer esfuerzos en torno a nuevas propuestas y modelos.

A los alarmados con el tono del texto, aclaro que no propongo una oposición competente sólo para este o aquel gobierno. Defiendo, sobre todo, que siempre exista una oposición, sea la situación conducida por quien sea. No es sólo la democracia que se debilita con su ausencia; la economía también llora, y mucho.

Se dice que el escenario económico en que vivimos viene espantando a los inversores y poniendo en cuestión el otrora radiante futuro que hasta hace poco envasó las trompetas de los optimistas más radicales (y muchos bastante sensatos), pautados por un océano de expectativas y promesas.

Pero, lectores, hay una variable aún más compleja sobre la que poco se comenta. Imaginemos que las medidas actuales no resultan en efectos consistentes. Supongamos que, poco a poco, el arsenal gubernamental inductor de la economía comience a agotarse, con el agravante de un grupo político dominante fragilizado y sin tracción.

En este caso, quedará a la inversión productiva, que opera siempre a lo largo del horizonte, la perspectiva de un cambio de conducción que implemente las correcciones necesarias. En resumen, sus esperanzas serán depositadas en el triunfo de una oposición consistente.

No fue diferente en la campaña presidencial de 2008 en Estados Unidos, cuando prominentes inversores arremetieron las mangas por la victoria de Barack Obama, clamando por una alternativa al modelo republicano que Bush representaba. Obama, cabe recordar, que al inicio de la carrera electoral no pasaba de un azar, pero que poco a poco se convirtió en favorito.

Cierro el texto con una indagación en este escenario, ¿tendremos nuestro azar? ¿Quién será? ¿Será necesario? Quien vivirá. Hasta el próximo.

Foto de freedigitalphotos.net.

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