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Dos motivos para comenzar una clase con preguntas

Dos motivos para comenzar una clase con preguntas Recuerdo una ocasión, en clase de la disciplina de Citología, mientras estudiaba para ser un farmacéutico que quiero compartir con usted. El profesor llegó, tomó la lista de llamadas, y gritó por el nombre

– Alex, ¿quién es Alex?
– Soy profesor – contesté.
– Alex, defina lo que eres.
Pensé por unos 5 segundos y proclamé – Soy un conjunto de células que piensa.
– Aline, quién es Aline?
Mi colega levantó la mano y dijo – Soy yo profesor.
– ¿Está usted de acuerdo con Alex? ¿Sí o no y por qué?

El profesor fue abordando cada alumno de la lista de presencia, después de todo, era el primer día de clase y creo que nos llamaba intencionalmente de esta forma para que nos conociera mejor.

Algunos alumnos coincidían con mi declaración. No obstante, en vez de dar más instrucción, el profesor preguntó de nuevo

– Por lo que percibí, ustedes creen que el origen del pensamiento viene del cerebro y no de ustedes como un todo. Se trata de un órgano que está formado por la unión de muchas células. Esta es mi pregunta ¿la célula piensa?

Varios otros alumnos fueron abordados y, más adelante, concluyeron que la célula tenía función, pero que no pensaba. El profesor preguntó

– Si la célula no piensa, pero tiene función y el conjunto de ellas forma otra función, como explicar el ser pensante en nosotros?

Naturalmente, nos quedamos sin reacción. El profesor compartió que esa era una de las respuestas que la ciencia aún no tenía de forma clara. Era la cuestión del pensamiento y su relación con las funciones citológicas. Aunque existan muchas teorías, de cara percibimos que tendríamos una óptima disciplina por delante.

La clase es la clase, el discurso es otra cosa …

En primer lugar, una clase no es un discurso. En una clase, hay interacción con el público, lo que no ocurre en el discurso. En la clase, trabajamos las preguntas; en el discurso, las respuestas, creencias y percepciones.

En mi opinión, uno de los equívocos que ocurren entre los profesionales del área educativa es no distinguir esa diferencia. Es muy común ver lecciones como discursos y escuchar discursos como clases.

En discursos formales, no hay interacción con el público. No es un momento para expresar opinión al orador, sino de prestar atención a sus palabras. Las preguntas pueden ser bienvenidas antes o después, pero nunca durante un discurso.

Por otro lado, las clases o entrenamientos necesitan la interacción con el público, si no, éste sería sólo un discurso. Un profesional competente sabe diferenciar.

La participación es fundamental para el aprendizaje

Para que exista un resultado satisfactorio en las clases, es necesario involucrar a los oyentes y hacerlos participar. Mi experiencia como alumno es que sin preguntas las clases quedan morosas, sin gracia, monótonas y agotadoras.

Observe las clases, charlas o instrucciones que ya recibió en su vida y cuyo recuerdo es significativo. Sin duda alguna, esos recuerdos residen en el hecho de que usted fue llevado a participar de manera singular en aquella ocasión.

Cualquier alumno tiene gusto de desafíos, de ser provocado a través de preguntas. Las clases exentas de cuestionamientos son discursos aburridos que impiden la producción de sinergia entre los participantes.

Sin preguntas, no se revelan los pensamientos, deseos y los problemas de los alumnos, que generalmente entran a la clase con una expectativa y salen de ella de la misma forma.

El alumno necesita sentirse parte de lo que aprende

Se debe crear una atmósfera donde el alumno sea obligado a crear nuevas posibilidades a través de una atmósfera enriquecedora. Este ambiente proporciona el descubrimiento de soluciones que ni siquiera el mentor había pensado todavía. En este escenario, el profesor y el alumno aprenden juntos.

Un factor importante es revelar la ignorancia de aquellos que están para oír. Así, el mentor no instruirá ni a más ni a menos que sea eficaz. Por las indagaciones, se observa el real interés de aquellos que están oyendo. Es como crear un mecanismo para identificar la sede de los alumnos y, solamente después, ofrecer agua en la proporción correcta.

No da para instruir a quien no quiere ser instruido, así como es inútil intentar mostrar la importancia del agua para quien no tiene sed.

Somos seres curiosos. Aproveche esto.

Despertar la curiosidad parece ser otra herramienta interesante. Comienza con una pregunta intrigante, una paradoja, algo que mueve con los alumnos. Preguntas que no son tan simples de responder.

¿Quieres algunos ejemplos? ¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos a tener más placer con la lectura? ¿Cómo podemos influir en los empleados de nuestra empresa a comprometerse más?

Por fin, una clase que no comienza con preguntas no es una clase, pero la presentación de informaciones aleatorias que pueden ser reemplazadas fácilmente por libros, que al contra, traen contenido organizado metodológicamente.

Si un alumno siente que aprende más con un libro que con un maestro, entonces tal vez este título no sea adecuado para el que está en la posición de enseñar.

conclusión

¿Va a dar clase a alguien? No se olvide comience con preguntas para revelar curiosidad e ignorancia, después observe y ayude a los alumnos a sacar sus propias conclusiones. Ellos nunca olvidarán esta lección. Sucedió conmigo, sucederá contigo.

Usted ha tenido experiencias positivas y negativas con clases y discursos? Comparta con nosotros usando el espacio de comentarios abajo. Hasta la próxima.

Foto de elevación de manos, Shutterstock.

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