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Como un principiante ganó 25% en el mercado de acciones en 2012

Como un principiante ganó 25% en el mercado de acciones en 2012 El título de este artículo puede parecer una fórmula mágica para enriquecerse invirtiendo en el mercado de acciones o aquel tipo de cosa que sucede cuando una persona juega boliche por primera vez y hace un strike. Si usted pensó en eso, lo siento, no se trata ni de una cosa ni de la otra.

Por esa razón, me gustaría comenzar el artículo afirmando que lo que usted va a leer es sólo el testimonio de un inversor principiante que se preparó mucho antes de invertir una modesta cantidad de dinero en el mercado de valores. En otro artículo publicado aquí en Dinerama, he contado cómo la educación financiera ha cambiado mi vida. Ahora, vengo a compartir con ustedes mis primeros pasos en este arriesgado tipo de inversión que es la bolsa de valores.

Evidentemente, no tengo la pretensión de querer enseñar nada al respecto; que lee sitios como ese usted, lector, probablemente conozca ese mercado mejor que yo. Entonces repito mi objetivo al relatar mi experiencia aquí es poner en discusión algunas estrategias que pueden ser interesantes para cualquier tipo de inversionista.

No seré minucioso a punto de detallar el paso a paso de todas las operaciones, tampoco utilizará el nombre verdadero de los papeles para no correr el riesgo de influir de alguna manera a los lectores. Tenga en cuenta que lo importante aquí no es el ejemplo en sí, sino lo que podemos sacar de provecho de cada movimiento que he realizado basado en alguna enseñanza que he aprendido en mis estudios y lecturas.

¿Por qué bolsa de valores?

Mi interés por el mercado de acciones comenzó después de escuchar un podcast del sitio Joven Nerd en el que los participantes hablaron del libro “Padre Rico, Padre Pobre” de Robert T. Kiyosaki y sobre inversiones en la bolsa de valores.

En aquella época, a mediados de 2007, no había la menor posibilidad de invertir cualquier cantidad que fuese, pues estaba endeudado hasta el cuello debido a los gastos de la universidad y de mi matrimonio que se acercaba. Sin embargo, me interesó el tema y pasé a seguir el mercado de acciones a través de blogs especializados y del simulador FolhaInvest.

Por mucho tiempo me quedé acompañando sólo de lejos lo que ocurría con esa inversión y durante ese período tuve la oportunidad de entender un poco sobre cómo funcionaba el mercado, de presenciar crisis económicas como la de 2008 y, también, de ahorrar un poquito por mes para un día poner en práctica lo que estaba aprendiendo.

La rentabilidad desapareció, así que fui a buscarla!

Fue entonces que, en abril de 2012, revolví que era el momento de arriesgar un poco más en mis inversiones para obtener ganancias mayores que con el ahorro. Y, después de muchas investigaciones y consejos de algunos amigos, abrí una cuenta en una correduría que pensé tener el mejor costo beneficio para poder operar en el mercado de acciones a través de un home broker.

Yo estaba listo para comprar mi primer lote de acciones y para eso estaba dispuesto a empezar con R $ 4.000,00, que dividí para comprar dos papeles de empresas con ramas de actividades diferentes (por supuesto que no fueron simplemente los primeros papeles que aparecieron en mi casa broker).

La hora de elegir las empresas

Las acciones de la empresa A compré por ser un chip azul, una empresa sólida y pagadora de buenos dividendos según lo que leí en sitios web y blogs especializados. Ya las acciones de la empresa B, yo acompañe desde 2008 y he visto el valor de los papeles devaluar más del 60% en el último año. De acuerdo con las noticias que he señalado, esto ha ocurrido por una serie de factores externos, pero sobre todo por una mala administración de la gestión anterior. Además, descubrí muchas otras cosas que justificaban el porqué de una caída tan violenta en los papeles de esa empresa.

Comencé a pensar que si esos problemas de mala administración fueran resueltos, los papeles de esa empresa podrían volver a subir. Obviamente, esto sería un riesgo, ya que este proceso podría tardar meses o incluso años para suceder. Fue ahí donde descubrí la mayor baza que tenía a mi favor el tiempo. Este dinero que estaba invirtiendo forma parte del ahorro que hago pensando en mi jubilación y, como todavía falta mucho tiempo para precisarlo, podría dejarlo allí el tiempo que fuera necesario.

He investigado todo acerca de esta empresa para descubrir lo que la próxima gestión estaba planeando para revertir ese cuadro negativo. Fueron horas y horas leyendo noticias, entrevistas y lo que fuera posible para saber sobre la empresa. A pesar de no entender de los negocios de la empresa, las informaciones que encontré acerca de la nueva administración me parecieron lo suficientemente coherentes para apostar que ellos harían un buen trabajo.

¡Como siempre, el susto!

Una semana después de que compré los papeles de esa empresa, sucedió lo que todo inversor tiene miedo de que ocurra el precio de las acciones de la empresa B cayó, devaluando un 45% en menos de una semana. Comencé a entrar en pánico y por poco no vendí todas mis acciones para nunca volver en esa “máquina” que aspiró casi a la mitad de mi dinero.

Pasado el susto inicial, empecé a pensar en lo que yo mismo había planeado. Aquel dinero estaba destinado a quedarse allí invertido por un tiempo indeterminado y sacarlo en aquel momento malo sólo me haría amagar perjuicio sin haber al menos tentado a seguir mi propio plan.

¡Paciencia e insistencia siempre!

Unos meses más tarde leí una cita Mega inversor Warren Buffett en el portal de InfoMoney que decía “El mercado de valores se ha hecho para transferir dinero de los impacientes para el paciente.” La paciencia siempre fue mi fuerte y esa frase vino para reforzar que la paciencia sería la piedra fundamental de mi plan de inversión.

Pasado unos meses más, compré un libro llamado “Los Axiomas de Zúrich”, de Max Gunther, que me hizo repensar sobre mis inversiones. Y en el caso de que se trate de una de las más importantes,

Resolví entonces que debería ser más arrojado en mis inversiones. Vendí las acciones de la empresa A e invierte todo aquel capital en la empresa B. Dos meses después, mi teoría se mostró correcta. La nueva administración de la empresa cumplió lo prometido y el balance trimestral pasó del negativo a positivo, lo que favoreció para el precio de las acciones aumentar gradualmente.

Para ayudar aún más, una noticia del gobierno favorable a la rama de la empresa impulsó el precio de las acciones llegando nuevamente al valor que yo había pagado, y en poco tiempo los papeles ya habían valorado cerca del 15%.

¿Entonces funcionó?

En ese momento me sentía el máximo, el “Rey de la cocada negra”, creyendo que iba a ser rico invirtiendo en el mercado de acciones. Pero al principio del mes siguiente el precio de las acciones retrocedieron nuevamente y ese entusiasmo dio lugar al cuestionamiento “¿Por qué no vendí antes?”. Por más que yo supiera que el plan era justamente no vender, nada me hacía parar de pensar que yo había perdido la oportunidad de lucrar con aquellas acciones.

Me acordé de nuevo de la enseñanza de Warren Buffett y volví a pensar en mi plan de inversión a largo plazo. En esa misma época, ya había juntado otro dinero para comprar otro lote de esas acciones.

En diciembre de 2012, el valor de las acciones volvió a la tendencia alcista, hasta que un buen día, cuando comprobaba mi broker, descubrí que mis acciones estaban un 32% valoradas en relación al valor que yo había comprado. Volví de nuevo a quedarme con una sonrisa de lado a lado en la cara, pero, por la experiencia anterior, sabía que ese beneficio podría ser pasajero e irse en cualquier momento.

¡Hora de beneficiarse!

Era el fin de año y toda aquella historia de abismo fiscal en Estados Unidos me dejó preocupado. Por eso, pensé en la siguiente estrategia puse un STOP de venta al 7% por debajo del valor actual. Si el precio empezaba a caer de nuevo, yo vendía mis acciones con un 25% de ganancia y festejaba la Navidad feliz de la vida.

Dicho y hecho. Una semana después, el precio de las acciones comenzó a caer y mi orden de venta se ejecutó. Y así fue como pasé la Navidad y el Año Nuevo, con un 25% de ganancias sobre el capital que invierte en 2012 en el mercado de valores.

Yo sé que no es ninguna fortuna, pero me quedé satisfecho con los resultados obtenidos en mi primer año de inversionista en renta variable. Si paramos para pensar un poco, son casi cinco veces más que el retorno del cuaderno de ahorros. Conseguir una rentabilidad así, aún más con tanto aprendizaje, fue fantástico para mí.

Espero que mi historia también le motive a aprender más sobre las inversiones. Hasta la próxima.

Foto de freedigitalphotos.net.

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