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¿Cómo explicar tanta gente apoyando la vuelta de la CPMF?

Por Gustavo Chierighini, la plataforma editorial Editorial Brasil.

Estimado lector, dicen que en el campo de las relaciones humanas, cuando la ofensa no se impone por la barbarie de la violencia o bajo la amenaza de un caño humeante, toda víctima digna de nota termina siendo la propia anfitriona de su verdugo. En resumen, no hay ofensor sin ofendido disponible y de puertas abiertas.

La historia económica reciente en Brasil (pensando bien, casi siempre fue así) no señala cuadro diferente de la ilustración del primer párrafo. El concepto canhestro de “desarrollismo” (donde está todo bien en convivir con un poquito más de inflación) no nació sin apoyo de aquellos que acaban siempre por pagar la cuenta al final de la fiesta, a saber, el empresariado.

El capitalismo de estado, cuyos resultados nefastos se conocen desde, como mínimo, las crisis que marcaron el fin del gobierno militar (y como siempre presentando la factura para la clase productiva al final de la cena), no se estableció a partir de 2004, el apoyo de aquellos que deberían haber presentado una alternativa más lúcida para el horizonte que surgía en la pantalla.

El ideal de un “milagro económico” concebido en los laberintos estatales y con dinero público fue, en realidad, muy poco rechazado por parte relevante de nuestro PIB, que como locomotoras que siempre fueron, podían muy bien influenciar la ruta a ser perseguida.

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En este caso, el “Sebastianismo” podría, con una buena dosis de lucidez, ser sustituido por el deber de casa de la eficiencia económica, ladrillo a ladrillo (con el Estado haciendo su parte, incluyendo allí una serie de inversiones esenciales, cuando los mismos fueran legítimamente renegados por la iniciativa privada). No fue lo que ocurrió en prácticamente toda nuestra historia.

El lector que sigue conmigo el raciocinio hasta aquí ciertamente tiene una lista de “leches derramadas”, de complicaciones evitables en el nacimiento para comentar. Es verdad que el tiempo perdido no vuelve, pero también es cierto afirmar que el futuro es dinámico y siempre trae nuevas oportunidades para el acierto, o para el abismo.

Como sabemos, desde que el agua golpeó la nariz y el gobierno acordó la necesidad de reequilibrar las cuentas públicas, con el objetivo de proporcionar un escenario mínimamente posible para no entrar en una severa recesión, la elevación de la carga tributaria con la creación de nuevos impuestos viene siendo presentada por el equipo económico como la única salida posible.

Y en este escenario, un destaque todo especial para la vuelta de la CPMF. El hecho dramático es que entre escaramuzas, críticas, apoyos y (finalmente) algunos crujidos venidos de entidades patronales que se oponen a la elevación de una de las mayores cargas tributarias del planeta, todavía existe en el empresariado quien considere la hipótesis de apoyar la salida gubernamental.

En los últimos días, atendiendo a las peticiones de su base de apoyo, nuestra líder decidió reactivar el llamado Conseil, invitando parte relevante de nuestro PIB para participar de este grupo – y con ello conquistar apoyo para arrancar más dinero de la sociedad a fin de pagar las cuentas del mismo, “Bolsa sin fondo estatal”.

Entonces surge una encrucijada. Si la idea del gobierno es apoyada, hasta podremos reequilibrar las cuentas por algún tiempo (y claro, hasta que una nueva crisis surja y más impuestos sean necesarios), pero a la mañana siguiente no habrá más para quien reclamar. El verdugo ya habrá entrado por la puerta que dejamos abierta. Peligro a la vista?

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Foto “Bad day”, Shutterstock.

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