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Caminos para una educación corporativa de calidad

Caminhos para uma educação corporativa de qualidade Estimados lectores, una vez más voy a apuntar mis baterías en el universo corporativo, pero ahora tratando de su base educativa. (Estoy loco para escribir sobre política y economía, pero por el momento aguardar por los nuevos contornos del actual compás de espera).

Adoptar el “Corporate Education” en un attemp (simplista, lo confieso) para resumir en dos palabras, la gran escenario en el que coexisten varios cursos de administración y gestión empresarial con el sector de “gestión”, lleno de conferencias, seminarios y eventos que, al fin y al cabo, comparten el mismo objetivo central de formar ejecutivos, gestores y dirigentes.

Digo dirigentes porque raramente uso la expresión “líderes”, por considerarla una exageración cómica cuando no se limita a la habilidad de liderazgo, esa sí, necesaria a los puestos de mando, jefatura y dirección – después de todo dejamos las ilusiones de lado no cada generación está produciendo una Churchill un Mao o Lee Iacocca capaz de navegar por el escenario económico e industrial compleja con facilidad y eficiencia.

Sin embargo, me gustaría abordar la cuestión en su contexto más amplio, más allá de la frontera de los títulos, aulas, auditorios o enlaces de la educación en línea. Considero, sobre todo, el ambiente general en el que están insertados esos valerosos guerreros contemporáneos.

Estamos frente a profesionales obligados a convivir con la confusión cotidiana de la permanente difusión de modismos, con la ideología de la innovación por la innovación, la inestabilidad por la inestabilidad, con la fértil profusión de jerga rebautizando lo que sus abuelos ya conocían con otras denominaciones – el sujeto es un buen jefe, competente y con un sentido de liderazgo, pero no basta, se siente frustrado por no reunir las alardeadas y permanentemente mutantes características de los “líderes” o de los “meta-competentes” (un verdadero horror).

Por eso, y muy lejos de la intención de presentar un recetario de pastel, comparto aquí algunos caminos viables y de fácil acceso

1) El sentido crítico
No importa su formación educativa o el título que recibirá al final del semestre, si usted no lapide su capacidad crítica jamás potenciará el conocimiento que adquirió. Considero como fundamental en mi propia formación la crítica que siempre he tenido sobre los propios cursos que he frecuentado.

En el día a día del trabajo no es diferente. Por más que la dictadura del sentido común se imponga, luche para preservar, sostener y fundamentar sus propias opiniones. Potencialmente estará, no sólo convirtiéndose en un profesional efectivamente destacado, sino preservando su sanidad mental.

2) La lectura
Se trata de un hábito que no trae sólo equipaje cultural o conocimiento técnico, pero ante todo, potencia el intelecto. Desarrolla el potencial cognitivo y las habilidades de expresión y articulación. Busque lecturas complejas y desafiantes, huyendo de los ingresos listos o de lo que ya se conoce como refuerzo a sus creencias.

Evitar la zona de confort, donde los asuntos ya conocidos son abordados, ayuda mucho. Los historiadores, algunos novelistas, periodistas literarios y científicos suelen ofrecer en sus obras un caleidoscopio de informaciones y estímulos que, en el peor de los casos, pueden transformar en un ser humano aún más interesante y rico.

3) Autodidatismo
Es fundamental. En la falta de un sistema educativo (salvo rarísimas excepciones) que pueda realmente suplir deficiencias y encerrar de una vez por todas con el analfabetismo funcional, sea usted su propio orientador. Identifique sus áreas de fragilidad de conocimiento e invierte energía combatiéndolas con disciplina, curiosidad y organización.

Un buen método para esta identificación es pensar en su actividad o en su negocio a partir de un enfoque por proceso, facilitando así la identificación de los sectores que, en situación de estrés, demandarán un conjunto de conocimientos y habilidades que eventualmente pueden no estar presentes.

4) Escribir
Además del obvio beneficio de potenciar su capacidad de síntesis y expresión, auxilia en la creación de un mecanismo propio de racionalización, clasificación y estructuración de conceptos.

Para concluir, considerando que la formación es por sí sola un proceso continuo y con vida propia, creo que debemos buscarla en estructuras que superen la retórica o sistema de repetición por el cual, poco a poco, estamos siendo tragados. Se debe buscar el concepto más profundo y una alternativa al “lugar común”, ya que, como dijo el poeta (gracias Nelson Rodrigues), la unanimidad no es aconsejable.

Un abrazo y hasta la próxima.

Foto de sxc.hu.

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