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Cambios en la economía brasileña hacen el país (comenzar a) mejora

Brasil parece estar cambiando de frecuencia. Los datos y hechos más recientes parecen indicar eso. En lo que se refiere a los datos, comienza a existir un mejor desempeño de la economía, aún muy desequilibrado, pero aún así, queriendo mostrar cierta consistencia.

El desempleo cayó un poco en los datos más recientes de la PNAD del trimestre finalizado en julio, al 12,8%, aunque por vías transversas del crecimiento del empleo sin cartera firmada y contrataciones hechas por órganos públicos (1/3 de las vacantes generadas). Las ventas al por menor muestran expansión y la producción industrial registró expansión por encima de lo previsto en julio del 0,8%, creciendo en el año el mismo 0,8%.

Destacado para industria automotriz y artículos relacionados con alimentos. Sin embargo, es cierto que tenemos el cuarto mes seguido de elevación de la producción industrial, con el índice de difusión creciendo al 54% (anterior en 46,1), con 14 de los 24 ramos considerados al alza. A pesar de eso, todavía estamos el 17,2% por debajo del pico ocurrido en junio de 2013 y en el PIB del segundo trimestre la industria se contrajo un 0,5%.

La política a cautela todavía es necesaria

En el lado político, que por lo demás viene dominando la escena nacional, la situación parece querer mejorar. Medio a los “trancos y barrancos”, el gobierno ha logrado emplacar cambios. El problema está más en la demora en aprobar cambios que dependen del Congreso Nacional que propiamente en someter al gobierno a derrotas. Y el tiempo parece ser crucial para reposicionar la economía en el rumbo correcto.

Más recientemente (el día 04 Septiembre), después de Rodrigo Janot conferencia de prensa de la PGR, cuando se abrió la posibilidad de interrumpir inicio del partido según JBS otorgado por ocultar información y pruebas, la imagen parece haber sido aún más fácil para aprobar medidas.

La lectura actual era que debilita cualquier nueva denuncia contra el presidente Temer y allanará el camino para el éxito en las urnas que están teniendo lugar en el Congreso, en particular la Medida Provisional 777 Creación de TLP (Plazo Tasa de largo) y los nuevos objetivos de déficit fiscal para los años de 2017 y 2018. Ambas en nivel ampliado a R $ 159 mil millones. Si el presidente tendría que gastar mucha munición para cooptar su base de apoyo, ahora se ha vuelto más barato y rápido.

Es decir, el camino parece mejor sedimentado para implementar cambios y aprobar las que dependen del Congreso Nacional. Si ya trabajábamos con la Reforma de la Previdencia fuera del radar en 2017 y quedando para el próximo gobierno, ahora aprecia posible salir algo, aunque medio deshidratada. Y ella es capital si queremos tronar el país más creíble ante los ojos de inversores extranjeros que soportan el programa de privatización y concesiones, además de la expansión de la infraestructura.

Es fundamental controlar los gastos

Aunque este texto puede contener alguna dosis de euforia, nuestro diagnóstico es que tendremos que atacar otras vertientes. Es necesario iniciar control de gastos más efectivo, acelerar la reducción del tamaño del estado brasileño, realizar cambios importantes por la reforma política y restaurar la competitividad perdida a través de la reforma fiscal y tributaria. Sin todo ello, no conseguiremos domar el crecimiento casi exponencial de la deuda pública y volver a anhelar la vuelta del grado de inversión en los próximos años.

Haciendo eso y con las empresas ya adaptadas a la situación actual será posible vislumbrar mejor nuestra economía de forma más consistente y alejando el tal “vuelo de gallina”, que se producirá con la recuperación económica global.

Es en este contexto que hemos sugerido en nuestros últimos textos más exposición al riesgo de las carteras, con aplicaciones en renta variable, en un ambiente claramente definido de caída de tasa de interés en aplicaciones de renta fija.

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