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Banco de Brasil entre los (des) intereses públicos y la gestión privada

Banco de Brasil entre los (des) intereses públicos y la gestión privada El presidente Lula, tras algunos años de mandato, resuelve cobrar bajos intereses de los bancos. Ufa, pero cómo empezar? Según él, el ejemplo debe ser dado por los bancos públicos. No es una novedad que los bancos brasileños están entre los que más ganan con los intereses altos, lo que, de cierta forma, también impide a los brasileños de formar nuevas deudas. Al final, si el interés es muy alto, la prestación no puede “caber en el bolsillo”. Pero, eso es sólo como nos gustaría que fuera.

Para todo en la vida existe el lado malo y el lado bueno.
El lado malo no es secreto son los propios intereses altos, que dejan la economía trabada, afectando la capitalización de diversas áreas productivas, además de disminuir la circulación de dinero [Bb] en la plaza, dejando a los empresarios temerosos en invertir y crear nuevas oportunidades – incluso empleos. El lado bueno, al menos hipotéticamente y con base en aspectos económicos, es que las altas tasas ya son limitadores de crédito, frenando de cierta forma el endeudamiento. Quien tiene el mínimo de información financiera no financió y no se endeudó; prefirió ahorrar, aplicar y comprar sus bienes a la vista.

Intereses altos el consumo tiene la hora correcta.
No todo son flores. Es claro que muchos brasileños se endeudaron. Muchos por desconocer que los intereses también pueden jugar a favor del consumidor, y que un poquito de paciencia podría representar una gran economía. El hecho es que con la nueva dirección del Banco do Brasil el mercado aguarda una reducción de los intereses – o incluso una nueva visión estratégica del banco.

El gobierno se adelantó y ya dice que no pretende realizar cambios al mando de la Caixa Econômica Federal, pero ya hemos escuchado hace poco tiempo sobre la viabilidad de que el gobierno tenga dos bancos públicos. Mi opinión es que la unificación de los bancos crearía un gigante financiero -y esta acción haría que la nueva institución ganara en competitividad con los bancos privados, tal vez forzándolos a cambiar en algo.

¿Qué ejemplo seguir?
Lo curioso es que el Banco do Brasil es un banco público con acciones en bolsa [Bb] . Es decir, él necesita ser competitivo y necesita tener técnicas de gestión similares a las de los otros bancos. Lo que no puede suceder son declaraciones como las de la ministra Dilma Russeff, que dijo recientemente que “el gobierno está combatiendo a dirigentes públicos que actúan como privados”.

Así es difícil de tomar la cosa todo en serio, pues no es justamente profesionalismo y gestión coherente dentro de los negocios que cobramos en el gobierno en todas sus esferas? ¿Cuál es el modelo que debe seguir como ejemplo el público o el privado? Es innegable que el sector privado tiene años luz adelante en eficiencia y compromiso con los resultados. El resultado de tales declaraciones y las incertidumbres que se plantean a partir de ahora sobre la institución hicieron bajar el precio de las acciones del BB.

Otras medidas para bajar los intereses
Cuando descubrimos falcatruas mil, que se informa en toda la prensa, lo más difícil de ocurrir es el despido o la exoneración del servidor público. El mandar a alguien contratado por el Estado parece ser imposible. ¿Eso esta correcto? En fin, tenemos otras cuestiones para abordar y ellas se interpolan con la necesidad de bajar los intereses directos al consumidor. Queremos eficiencia en la máquina pública.

Ahora bien, que los intereses deben bajar no hay duda. Una economía [Bb] eficiente depende de intereses practicables, pero, fundamentalmente, la cuestión no es ésta. Si el gobierno quiere intereses bajos, tiene instrumentos para bajar los intereses. Uno de los ejemplos es la disminución de la carga tributaria para operaciones financieras, pero eso el gobierno ni piensa.

Lo que quedó claro en ese episodio es que el Banco do Brasil fue utilizado como instrumento de política. Y, peor, no existe la menor garantía de que se obtendrá el resultado deseado. Con “buenas intenciones”, a poco de una elección y usando la popularidad conquistada, el gobierno da sus golpes. ¿Se volvió a hacer política por política? ¡Espero que no!


Ricardo Pereira es un educador financiero y profesor acreditado por Disop Instituto, trabajó en el banco de inversión Credit Suisse First Boston y editar la sección de Economía de Dinheirama.
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