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¡Un año sin compras! Imposible?

Um ano sem compras! Impossível? «Un año sin comprar.» Cuando vi esta frase en uno de los comentarios en mi último artículo publicado aquí en Dinheirama – «La felicidad: la puesta en marcha del siglo XXI» – era bastante curiosa: además de estar un año sin comprar? Resolví investigar.

El autor del comentario, Marina, ha creado un blog para compartir su experiencia de estar un año sin comprar un número de elementos que considera superfluos: Un año sin compras. En función de ese blog, acabé encontrando un sin número de otros que siguen la misma línea. Y me gustaría compartir con usted, lector, mis hallazgos sobre el tema, que desde mi punto de vista, «dan un caldo y tanto»!

El consumo y las mujeres
El primer punto que quisiera resaltar aquí es que la mayoría aplastante de esos blogs tiene mujeres como autoras. Bueno, hasta aquí no hay ninguna gran novedad, ya que las mujeres, somos el gran objetivo de la publicidad, pero aún así creo que vale la pena explorar un poco el asunto.

Los medios de comunicación pasan constantemente el mensaje de que ser mujer es el resultado de lo que yo llamo una alquimia perfecta entre Barbie, Marília Gabriela y el estereotipo de la Reina del Hogar. Es decir, la mujer tiene que ser hermosa, extremadamente competente (desde el punto de vista profesional e intelectual), además de excelente ama de casa y madre amantísima y presente.

Ahora bien, con ese patrón de exigencia era de esperar que las mujeres tomar el frente en este movimiento de cambio de patrón de consumo.

Pensar para consumir
Otra cuestión relevante es que, desde el punto de vista de la Psicología Económica, utilizando el sesgo psicoanalítico propuesto por la Dra. Vera Rita Ferreira, esas mujeres están ejercitando el aparato mental del pensamiento.

Es como si estuvieran haciendo musculación mental, dejando de utilizar los llamados «atajos mentales» y comenzando a ejercitar su capacidad de percepción y evaluación en la toma de decisión, que en ese caso se refiere al consumo.

El anclaje y el comportamiento de manada son dos de esos «atajos mentales» que pueden comprometer, y mucho, la vida financiera de las personas en lo que se refiere al consumo.

Satisfacción hoy o tranquilidad mañana?
En el caso de los niños, un buen ejemplo de anclaje en la toma de decisiones de consumo es la inhabilidad del brasileño en posponer una compra. Esto se debe en gran parte a los altísimos índices de inflación que tuvieron su auge en la década de los 80.

Quien vivió aquella época sabe muy bien que posponer el consumo no era la mejor de las decisiones en función de la alta constante y exorbitante de precios. Un tiempo en que no era posible planificar un presupuesto con seguridad.

De ahí algunos comportamientos que se perpetúan hasta hoy, incluso en la vida de jóvenes que no vivieron ese momento, como por ejemplo, hacer stock de productos en casa.

Otro buen ejemplo de anclaje es el hábito del brasileño en hacer «la compra de mes» en el mercado. Hoy, con la economía estabilizada, no hay necesidad de efectuar una única gran compra, porque los precios se mantienen a lo largo del tiempo.

En resumen, actitudes que hacían todo el sentido para proteger y equilibrar las finanzas de las familias hace tres décadas, a pesar de no aplicarse más, siguen presentes en el comportamiento de la mayoría de los consumidores, funcionando como una especie de ancla que dificulta el ejercicio de nuestra habilidad en planificar y aplazar las compras.

María va con las otras …
Con respecto al comportamiento de manada, la cosa es quizás incluso más complicada. Yo explico.

Por no ser seres tan racionales como quiere la economía, acabamos adoptando un patrón de consumo mucho más en función del grupo (la manada) a la que pertenecemos-o hasta del que quisiéramos pertenecer- que en función de nuestra realidad socioeconómica.

«Dime lo consomes y te diré quién eres» se ha convertido en la versión moderna del viejo dicho.

¿Quién eres tú? ¿Qué usted compra?
Hoy, nuestra capacidad de socialización está mucho más ligada a nuestro patrón de consumo que a nuestras habilidades y características personales y sociales. Parece que hay una forma de inclusión social por lo que vestimos o calzamos.

La dinámica de la familia moderna es un gran ejemplo de esta realidad. Los padres, en su mayoría, ejercen sólo la función de proveedores de un patrón de consumo que posibilite la inserción y aceptación de los hijos en determinado grupo.

Actualmente, la formación y educación de los niños está casi totalmente delegada a terceros, ya que los padres necesitan trabajar para garantizar una renta que permita ese tipo de socialización.

Esta visión del consumo como herramienta de ascensión social sumada a nuestra inhabilidad heredada en planificar un presupuesto ya sería suficiente para hacer un daño considerable en nuestra vida financiera y personal.

Sin embargo, hay otros dos factores que aumentan este efecto, que son: la publicidad, así ponen la Mariana Prates en su último artículo aquí en Dinheirama y facilidad de acceso al crédito.

Por lo tanto, hay que entender que nuestras decisiones sobre el consumo no son tan racionales y autónomas como muchos de nosotros pensamos. Y los blogs que mencioné proporcionan una serie de reflexiones y cuestionamientos sobre el tema que realmente nos hacen parar para pensar.

Incluso si usted todavía no está preparado para modificar su patrón de consumo, acompañe, eche un vistazo de vez en cuando, tal vez usted comienza a mirar con extrañeza algunas cosas que hasta entonces parecían absolutamente normales.

Foto de sxc.hu.

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