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Si usted ama a su familia, piense en su futuro y haga un seguro de vida

Imagine el compañero de trabajo que llega en compañía temprano y dice «Hoy me desperté con un fuerte deseo de comprar un seguro de vida». ¿Habla en serio, eso no sucede, no es así?

Al final, sería un deseo de consumo muy inusual y, de cierta forma, un pensamiento que lleva en sí una preocupación por la propia muerte; que nadie en sana conciencia desea para sí, ¿verdad?

Pero en serio, la mayoría de la gente, a veces incluso inconscientemente piensa y actúa como «esto no va a pasar a mí» y prefiere a encogerse de seguros de vida, al tiempo que reconoce su importancia.

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La procrastinación empeora el escenario

Considerando el hecho de que es de la naturaleza humana dejar las tareas más difíciles o desinteresadas para después, tenemos como resultado una postergación natural en pensar en protección.

La procrastinación o el acto de dejar para después lo que podemos hacer ahora es común en todas las sociedades, pero el comportamiento del brasileño parece sobresalir.

Observe situaciones de nuestro cotidiano, como por ejemplo:

  • Mirar las estadísticas de los contribuyentes que dejan para el último día la entrega de la declaración de Impuesto sobre la renta;
  • Las filas en las loterías para apostar en la Mega-Siena, todo en la última hora;
  • O incluso organizar aquel cajón, tarea que siempre postergamos y sólo recordamos que sería tan bueno si estuviera organizada cuando necesitamos encontrar con urgencia algún documento.

Tal vez todo esto ayude a explicar el bajo índice de penetración del seguro de vida en Brasil cuando comparado a otros países.

Los datos muestran una realidad peligrosa

Según los datos recogidos por la reaseguradora Swiss-RE, en 2013 las primas de seguro de vida representaban el 9,8% del PIB de Estados Unidos, el 8,2% en Japón y el 7,4% en Francia. En Brasil ese número cae al 1,9%.

Si miramos por otro ángulo y segundo estudio realizado por la Fenaprevi (Federación Nacional de Previsión Privada y Vida), también en 2013, sólo el 9% de la población brasileña poseía seguro de vida y con una gran desviación estándar entre las clases sociales, como podemos verificar en tabla siguiente:

  • Clases A y B: 18%;
  • Clase C: 6%;
  • Clases D y E: 2%.

No hay duda de que muchos avances ocurrieron, incluso el advenimiento del microseguro, que fue regulado en 2012 y hizo más accesible a las clases de ingreso más pobre ese importante instrumento de protección.

Sin embargo, todavía es necesario avanzar mucho en la educación financiera para crear una cultura de prevención y ahorro, así como avanzar en la legislación para permitir una reducción en los costos de distribución

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Nuevas tecnologías y consideraciones finales

Otro punto importante son los avances tecnológicos capaces de reducir los gastos de contratación. El movimiento mundial de fintechs y insurtechs es seguro para revolucionar la forma en que contratamos seguros, indemnizaciones percibidas, la creación de un entorno propicio para los nuevos jugadores.

El desarrollo de aplicaciones móviles para llevar encima aliadas (tecnologías portátiles) y la IO (Internet of Things) será facilitar la evaluación y prevención de riesgos, así como permitir la fijación de precios basada en el comportamiento de los asegurados.

Seguiremos sin despertar con una voluntad enorme de comprar un seguro de vida, pero muy probablemente la concientización acerca de la protección personal y patrimonial será mayor.

Un nuevo mundo también está llegando al área de seguros.

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