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¿Por qué alguien se propone a quedarse un año sin comprar?

Por que alguém se propõe a ficar um ano sem comprar? Un día, después de organizar mis pertenencias y donar un montón de cosas que ya no usaba más y tirar un poco de tralla que estaba acumulada y que no tenía utilidad para mí -y ciertamente no tendría para nadie más, empecé a pensar en cómo había llegado en aquella situación de acumulación de tantos objetos innecesarios.

Al reflexionar sobre eso, poco a poco se fue delineando una idea ambiciosa: quedarse un año sin comprar superfluos y, con eso, pensar sobre el papel que el consumismo tiene en mi vida. En ese momento decidí crear un blog, donde relato mi experiencia: el Blog «Un año sin compras».

No dejé de comprar inmediatamente, después de que el proyecto de renunciar a adquirir nuevos productos necesitaba ser elaborado. Me sentía necesidad de prepararme emocionalmente y también de leer sobre diversos temas, como economía doméstica, sostenibilidad, finanzas personales, psicología, etc. Paré de comprar el primer día de junio y permanecí fiel al desafío que me propuse desde entonces.

El blog, que se había pensado para ser un registro de mi experiencia y también es una forma más de mantener la auto – control, ha generado discusiones interesantes y una de sus consecuencias fue la invitación que he recibido de Dinheirama a escribir en este espacio y compartir con los lectores de este sitio los descubrimientos y las posibilidades que vengo extrayendo de esa experiencia.

El más importante sobre la decisión de quedarse un año sin compras es la motivación. Una persona no decide simplemente quedarse un año sin comprar, hacer una dieta, ahorrar parte de su ingreso o incluso iniciar una relación afectiva sin tener una buena dosis de motivación. Si los motivos son buenos o malos, profundos o superficiales, eso es otra discusión, pero es necesario que exista y que sean lo suficientemente fuertes para que alguien ponga cualquier tipo de plan en práctica.

Dejar de comprar puede parecer bastante drástico, pero con certeza es una forma de volverse más consciente de los patrones de consumo que influencian las elecciones hechas, lo que generan en términos de consecuencias e impacto en la vida personal y también cuál es la función emocional que comprar cumple en la economía psíquica de cada sujeto.

Todos estos motivos estuvieron presentes y cumplieron un papel importante en mi decisión de pasar un año sin comprar. Muchas personas preguntan, por ejemplo, si se ahorra fue una de las razones que llevaron a la creación de ese blog. La respuesta a esta pregunta es no, aunque con certeza la economía es una de las consecuencias agradables que se derivan del desafío.

Como Psicóloga que nunca trabajó en el área de finanzas y que sólo recientemente entró en contacto con temas ligados a la Psicología Económica, siempre pensé que el acto de comprar revela un poco nuestro modo de lidiar con el mundo.

  • ¿Somos personas cautelosas, que prefieren guardarse ante situaciones de riesgo o nos gusta apostar alto cuando hay posibilidad de extraer algún placer en un determinado contexto?
  • ¿Encaramos situaciones nuevas como amenazas o subestimamos sus posibles implicaciones?
  • ¿Abordamos el mundo de forma racional o nos dejamos llevar por las emociones?
  • ¿Pensamos en placeres inmediatos o en lo que podemos alcanzar a largo plazo?

Estos son algunos cuestionamientos posibles que se aplican tanto al modo en que las personas se ocupan de sus finanzas personales, cuanto con asuntos de orden más subjetivo. Pocos saben, pero Freud fue uno de los primeros teóricos del área Psi a usar modelos económicos para describir procesos mentales. Teniendo esto en cuenta, es importante recordar que muchas veces pensamos en términos de ganar o perder, de más y menos, de invertir o «poner todo a perder». Yo, ciertamente, puedo percibir esa lógica muy presente en mi vida y en las decisiones que tomo diariamente.

Entonces, antes de cualquier cosa, un año sin compras es sinónimo de un año de mucha reflexión, de autocrítica y, principalmente, de constataciones muy interesantes sobre los hábitos de consumo y el funcionamiento de cada persona. En mi caso, hasta ahora he podido percibir que una de las cosas más difíciles es no tener la posibilidad de comprar; Es saber que si entro en una tienda o en un centro comercial, que no debería tener nada superfluo de acuerdo con las reglas establecidas a mí mismo.

Es difícil porque una cosa que el ser humano le gusta mucho es poder hacer algo, aunque nunca vaya a ponerla en práctica realmente. Da la agradable sensación de libertad y de ser dueño de la propia nariz. El poder de volar de ala delta, poder comer comida apimentada, poder tomar el coche y dirigir a donde quiera, poder elegir un área de trabajo, poder «saltar carnaval», en fin … Poder es bueno.

Lo que muchas veces pasa desapercibido es que poder no hacer algo también es muy importante. Cuando el asunto es consumo, poder no comprar es tan o más importante como poder comprar. En ese sentido, pasar un año sin compras tal vez sea una forma un poco drástica de cuestionar esa lógica en que salir de una liquidación cargada de bolsas, tener una estantería llena de libros nuevos aún por leer o cambiar el coche siempre por un modelo más caro es necesariamente mejor.

Espero poder contribuir al cuestionamiento de ese imperativo posmoderno que nos exhorta diariamente a comprar, comprar y comprar, y que viene, gradualmente, sustituyendo la noción de ciudadano por la de consumidor. Esto y también encontrar salidas creativas para ahorrar un poco, porque hacer un pie de media y resistir a una promoción no hace daño a nadie!

¡Hasta la próxima! ¡Gran abrazo!

4.8
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