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Padres: La difícil misión de crear lazos y no nosotros

Hoy voy a aprovechar ese espacio para una reflexión diferente. Voy a pedir un poco de su comprensión, para poner en discusión un tema que escapa un poco de la educación financiera, que tanto defendemos con uñas y dientes.

Es un tema que puede ir más allá, pero que al final acaba convergiendo hacia algo mayor, algo fundamental para nuestro futuro, tanto como la inteligencia financiera oriunda de la educación financiera.

Para empezar, quiero hacer una pregunta: Cuando usted mira a sus hijos, lo que realmente ve?

La pregunta es relevante porque la respuesta ha sido, muy a menudo, narcisista. Los padres y madres que miran a sus hijos queriendo ver a sí mismos (el sentimiento), garantizando que hacen lo que hacen para que su prole sea una versión mejorada (la justificación).

En la teoría, padres y madres que ofrecen soluciones a prácticamente todos los problemas de los hijos, enseñándoles «el camino»; que nutren una falsa realidad en que todo lo que se debe aprender está en la familia; que insiste en una «política de libro abierto», en la que nadie puede tener secretos.

En la práctica, padres y madres que controlan a sus hijos con la expectativa de que ellos reconozcan el esfuerzo de los padres en ofrecer «todo lo que no tuvieron»; que crean una «deuda» travestida de amor incondicional para apaciguar sus vacíos; que mienten sobre la vida como ella es para mantener la vida como querían que fuera.

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En la teoría, en la práctica un camino certero a la inseguridad

En la teoría, padres y madres que creen que sus acciones están creando LAZOS de amor, cariño, compasión y realización. En la práctica, padres y madres que crean NOSOTROS de sumisión, miedo, inseguridad y duda.

Con el pretexto de ser los mejores padres que podemos ser, creamos una burbuja. Cambiamos la realidad a la versión de la realidad de nuestra familia.

Sin percibir, volvemos inútiles y fuera de contexto todas las externalidades, incluidas ai la escuela, los amigos de los hijos, el silencio sano y la necesidad de continuar la vida delante (y aún) de los hijos.

Abriendo la mano de todo

¿Qué diferencia hará salir de todo, de la carrera, de la individualidad, del espacio íntimo con el cónyuge, de la necesidad de vivir lo diferente fuera de las fronteras de la casa, del riesgo inherente al soplo que llamamos la vida? Sinceramente, no sé.

Abdicar de lo que somos fuera los hijos para que los hijos sean el máximo no es una ecuación que tiene mucho sentido.

En el contexto de la reflexión propuesta, actuar así parece egoísmo disfrazado de buena intención, con el resultado siendo un crecimiento lleno de nosotros (y no lazos).

Los hijos serán capaces de reconocer toda la carga de la familia perfecta, de la vida en «cautiverio», para entonces librarse de la dependencia sin traumas o serán siempre «esclavos» de la realidad alterada creada por sus padres, así incapaces de tomar una decisión sin necesidad pensar «qué papá o mamá pensarían de eso»?

La responsabilidad de los padres

Los padres sentirán un verdadero orgullo si los hijos romper los nudos y volar lejos o se resienten, sintiéndose traicionados (y resentidos), fingiendo estar felices mientras atormentan diariamente y torrencialmente a sus hijos con mensajes, enlaces y preguntas sobre todos sus pasos, decisiones y elecciones?

Humilde y resiliente, creo que debemos aceptar la responsabilidad urgente de movernos como padres, orientando y formando hijos al mundo real, con sus desafíos, riesgos e imperfecciones, para abrazar las frustraciones como parte del aprendizaje y la ruptura emocional como señal de maduración, y del tiempo.

Vivir es peligroso. Los grandes acontecimientos están siempre asociados a la necesidad de correr riesgos. La educación que funciona parece ser aquella en la que realmente ponemos «la piel en juego».

Sinceramente, estas reflexiones son mucho más grandes que yo. Son abrumadoras. Tensa. Difícil de digerir y llenas de matices. Subjetivas demasiado, es cierto decir.

Por favor, complete estas líneas con su visión sobre LAZOS y NOSOTROS en la difícil misión de crear ciudadanos mejores para el mundo (y no hijos mejores que los de nuestros vecinos).

¡Hasta la próxima!

Padres: La difícil misión de crear lazos y no nosotros
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