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Nosotros y el PIB de Brasil: ¿qué se espera de la sexta economía mundial?

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Nós e o PIB do Brasil: o que se espera da sexta economia mundial?

Por Gustavo Chierighini, fundador de Plataforma Editorial Brasil.

Queridos lectores, antes de discutir nuestro salto económico, sugiero una breve introducción, donde aprovecho para recordarme (como si fuera ayer) del anuncio que colocaba a Brasil como la séptima economía mundial. En la semana que precedió al carnaval de 2011, cuando, bajo un verano ardiente, observábamos de lejos (a través de las noticias de la prensa internacional) la terquedad del riguroso invierno económico europeo – donde ya se notaba con claridad los primeros contornos de la crisis crónica en la que el antiguo continente se metió.

Los grandes también caen. Y sus tumbas son feas …
En consecuencia, asistimos aturdidos a una de las más excepcionales derrotas ya vistas en que hasta entonces sólidas, poderosas y orgullosas potencias mundiales. Sin duda, un espectáculo triste y escalofriante, no sólo por los hechos en sí, sino por el contexto panorámico y coyuntural, sin salida, con poquísimas alternativas disponibles y sin que una profunda herida política y social comenzara a arder.

Vimos a los grandes naufragarse, luchando con una administración tomada por el alarmante componente de la insistencia en una gobernanza en francos, donde enfoques superficiales y repletos de retórica poco sirvieron para aplacar diferencias y coser un acuerdo regional que ofreciera no sólo tranquilidad a los mercados, sino esperanza en una reanudación sólida y trazada.

En fin, una película de trama melancólica. La desesperanza fue soterrando poco a poco lo que durante años fue la principal referencia de modelo social, económico y político: el modelo europeo occidental. Pero la tristeza más dolorida es aquella sentida por aquellos que dejaron las oportunidades escaparse entre los dedos, con desperdicio del tiempo y inexistencia del sentido de urgencia.

En el caso europeo, a la luz del conocimiento del lío que se ha tomado cuenta de sus mercados financieros, hoy no es difícil imaginar que hace mucho tiempo el abismo venía siendo construido, sea por el exceso de desregulación, por la soberbia que años y años de bonanza pueden acarrear, o quien sabe por la pereza en imponer un punto de inflexión hacia un mecanismo de beneficios sociales que simplemente no podrían sostenerse en el horizonte lejano.

Algo difícil de explicar, también estoy de acuerdo. En 2008, poco después del estallido de la crisis, en una ceremonia con muchos economistas y expertos, la reina Isabel II pidió a todos con la siguiente expresión: «Pero como usted no pudo predecirlo?». Pues sí. La situación mundial se deterioró, pero ¿cómo nos quedamos, los brasileños, ante todo?

Mientras tanto, los emergentes muestran el desarrollo …
Nosotros, los brasileños, que conmemoramos en el carnaval de 2011 el puesto de 7ª economía mundial, y que ahora, menos de un año después, estamos instados a festejar (incluso con las salvedades de especialistas sobre el poder de los trucos decimales) nuestra ascensión a la 6ª posición, con derecho al pre-calendario para la fiesta de la 5ª posición para antes de 2015, sobrepasando la orgullosa Francia hasta allí.

Es obvio que todo eso es halagador y, naturalmente, hay el mérito de todos nosotros. Hemos hecho un buen pedazo de la lección de casa, resistimos al modismo burro de la desregulación excesiva, hemos sabido aprovechar algunas oportunidades y, de hecho, nunca efectuamos exploraciones coloniales hostiles como forma de fortalecimiento de nuestras riquezas.

Pero, pido a los nacionalistas de turno que me perdonen por la polémica que eventualmente esté siendo plantada aquí (y esta vez hago justicia al sector empresarial que casi ningún alarde hizo con la noticia). De hecho me siento mejor como patriota y desconfío un poco del culto nacionalista, no por una cuestión ideológica, sino por identificar en el ufanismo una credulidad ingenua, una cierta ceguera.

¿Qué podemos esperar de Brasil?
La cuestión es que, ante la demolición de un modelo dominante y de la coexistencia con nuevas potencias que traen consigo nuevas referencias, cuestiono lo que puede el mundo esperar de este país tropical, tolerante, multicultural, multiétnico y que por años ha sido preconceptuoso considerado frágil y lejos de un marco cultural apropiado al progreso? ¿O mejor, qué se espera de una gran y ascendente potencia mundial? Aquí me permito conjeturar:

  • Se espera que en realidad somos una potencia, tomada como ejemplo de eficiencia, capacidad de resolver nuestros propios males, con la transparencia clara y capaz de construir una verdad sólida centro económico, la democracia y la libertad;
  • Es de esperar que podamos establecer una referencia para el desarrollo científico y la innovación;
  • Se espera que la fuerza estratégica para apoyar y colaborar notablemente en la reducción de los abusos internacional y fantasías que ponen en peligro la paz;
  • Se espera que el sentido de la responsabilidad internacional, en el que la importancia de la integración global y los problemas reales relacionados con la sostenibilidad llegado a ser visto más allá de la retórica e inmune perjudicial para los intereses internacionales y diseñados con malicia.

En resumen, las expectativas sobre este Brasil que desde los años 50 no para de crecer, independientemente de sus males, son plausibles. Las perspectivas, más que eso, potencialmente se pondrán en práctica y se realizar, pues capacidad no nos falta. Nuestra nación tiene todo el material humano, natural y financiero para ello.

Sin embargo, necesitamos, con urgencia, declinar de conmemoraciones baratas y colocar, de una vez por todas, la mano en la masa. Necesitamos hacer valer todo lo que podemos ser, pero que sólo seremos si trabajamos. Muy. El mundo nos espera, con ansiedad. Hasta el próximo.

Foto de sxc.hu.

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