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Nacionalismo latinoamericano, una historia somnolienta y aterradora

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Nacionalismo latino-americano, uma história sonolenta e assustadora Por Gustavo Chierighini, fundador de Plataforma Editorial Brasil.

Estimados lectores, es antigua la tradición que evoca el nacionalismo latinoamericano, siempre estridente, siempre provocado por la sensible y melindrosa victimización – aquella vieja y aparentemente lucrativa letanía del eterno expropiado, explotado, vilipendiado. En resumen, una retórica tan antigua y aburrida como las viejas historias de los bandoleros de sombrero en la cabeza y vasto bigote, donde la agresividad convive pateticamente con la ingenuidad típica de un emotivo patológico.

Todo siempre muy trágico, con muchas lágrimas, sufrimiento, grandes pérdidas, gritos de bravura y gritos de bravata. Un escenario siempre previsible – y claro, terriblemente estigmatizante. Sin embargo, convengamos, los hechos son los hechos.

¿Gobiernos de novela?
En el caso de Honduras, el presidente de Honduras, José Luis Rodríguez, se mostró convencido de que el presidente de Honduras, Manuel Zelaya,

Refugiado en nuestra representación diplomática en 2009, Zelaya encarnaba el típico caudillo latinoamericano colocado a la forra por gente aterrorizada con los desdoblamientos de su conducción política-económica. No voy a tomar partido sobre el asunto, si debería o no ser depuesto, pero puedo imaginar la alegría sin fin en escucharlo cantando y tocando la guitarra con sus trovas bolivarianas.

La vez de los hermanos. ¡De nuevo!
De hecho, un conjunto de escenas y escenarios siempre impregnados de mucha música. Pero, de vez en cuando los personajes deciden cambiar el disco. Esta vez, parece que el tango va a tocar.

La misma banda sonora de la guerra que en los años 80 estremeció el continente-popularmente conocida como «La Guerra de las Malvinas», trabada entre Argentina y el Reino Unido, hoy toca embalando no sólo la reanudación de las hostilidades con el antiguo desafecto, intercambiando gruesas farpas con el occidente circunstancialmente en la berlinda, estatizando la petrolera española YPF y desatendiendo contratos internacionales.

Un proceso abrasivo que trae consigo un encadenamiento de consecuencias poco estimulantes. El hecho es que nuestro vecino necesita inversiones, y sabemos cómo los inversores se asustan con comportamientos así. Pero, independientemente de eso, la popularidad de la mandataria parece no ceder, alcanzando buenos patamentos.

Al parecer, la nacionalización de empresas extranjeras es más importante para el grupo político vigente que cualquier otra cosa. Un triste repertorio para una nación que en los años 40 y 50 surgía como una futura gran potencia, en la época absolutamente destacada del lamaçal latino.

¿Qué tal trabajar en vez de lamentar?
Pero la tristeza mayor se origina de un contexto más amplio, repleto de bravulos contraproducentes, «lloriqueos» contra los yanquis malvados y suplicados por reconocimiento de la propia historia.

Más que eso, con o sin tango, la realidad convenientemente olvidada es que grandes naciones, fuertes y reconocidas, están constituidas por vigoroso trabajo, incentivos y fértil ambiente al emprendedorismo, inversión masiva en educación, ciencia e innovación, tributación equilibrada, pero, sobre todo, por un modelo gubernamental servidor, preocupado por ser eficiente y rendir cuentas en lugar de «llorar las pitangas».

Hasta el próximo «hasta la vista». Foto de sxc.hu.

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