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Mundo corporativo: a veces un museo de grandes novedades

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Mundo corporativo: às vezes um museu de grandes novidades Estimados lectores, esta vez voy a ahorrarlos de la temática político-económica (al menos mientras aguardamos el desarrollo de los acontecimientos) y tratar un poco de lo que toma nuestro cotidiano, con atención especial al día a día corporativo, contemplando sus mazelas, virtudes y virtudes pirotecnia.

Cuando me gradué, allá a finales del siglo pasado, Brasil vivía bajo el estigma de las ganancias de productividad y calidad. El caos inflacionario había sido debelado, no había mucho espacio en la ciranda financiera y el único camino seguro para la vida empresarial era, finalmente, generar riqueza y sobrevivir a través de la competitividad como reflejo de modelos eficientes de producción y gestión.

En cualquier empresa gestionada con el mínimo de sentido común, se entonaba el mantra de la Calidad Total. Era la época del Boom de las normas ISO y etc. Se trataba de una lucha contra el tiempo en busca de una dinámica económica normal, pero en la que fuera posible, después de evitado el naufragio, crecer.

Como recién formado y enfado hasta el alma en el contexto que describí, era ávido por todo tipo de información y contenido que tradujera los nuevos tiempos, sus métricas y prácticas. Sin embargo, con el paso del tiempo tuve mi curiosidad secuestrada por un evento paralelo, que orquestado, parecía caminar delante de ejecutivos, empresarios y educadores de las áreas de administración y gestión.

Algo difícil de encuadrar como concepto, pero que funcionaba por medio de un poderoso mecanismo de repetición continua redundante. Algo que rebautizaba aquello cuyo conocimiento ya había sido dominado, diseminando la nítida percepción de que se trataba de una relevante novedad.

Entonces … las reestructuraciones organizativas se transformaron en reingeniería y gestión eficiente de recursos humanos se transformó en gestión por competencias. Recientemente, percibí que el concepto de competente o muy competente no hace más diferencia y que ahora las personas necesitan ser Metacompetentes.

En mi búsqueda, noté que rodaba en círculos, leyendo y escuchando sobre los mismos asuntos, que reposicionados y con nuevas denominaciones decían exactamente la mismísima cosa. Se trataba de una industria del conocimiento que sobrevivía de la permanente y provocada sensación de desactualización de sus consumidores.

Más que yo, he constatado que era algo inherente al entorno gerencial corporativo. Por lo tanto, no bastaba con tener un diploma de postgrado, pues era necesario hacer un MBA. Concluido el primer MBA, sería bueno tomar un segundo MBA, preferentemente en el extranjero.

Convengamos, todo esto es muy cómico. Es impensable un médico competente saltar de una residencia a otra para mantenerse actualizado y profesionalmente considerado. Ahora bien, estos profesionales frecuentan congresos, comparten núcleos de estudio e investigación, absorben prácticas específicas verdaderamente innovadoras y punto final.

El curioso y sano de todo eso es que el vivo e intenso interés de gestores y profesionales ejecutivos observado al inicio de ese proceso fue poco a poco siendo reemplazado por bostezos y miradas escépticas en los puestos de periódicos y en las góndolas de las librerías, eso sin contar las constantes chistes. Fartos de la banalización que la repetición continua trajo, continuamente buscan conocimiento e inspiración en nuevas e inusitadas fuentes.

Concluyendo, pienso que ambientes de alta competitividad no pueden sobrevivir sólo de retórica y fatigosos repeticiones rebautizadas. Ruego para que abandonemos de una vez por todas el lugar común, en sustitución de una postura más crítica y verdaderamente creadora. Seremos todos beneficiados. Los clientes agradecen.

Foto de sxc.hu.

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