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Mis votos y algunos pedidos para 2012

Os meus votos e alguns pedidos para 2012 Por Gustavo Chierighini, fundador de Plataforma Editorial Brasil.

A finales del año pasado, cuando en 2010 llegaba a sus últimos días, publicé aquí una materia en la que declaraba un conjunto de pedidos para el año que estaba llegando. En la mayoría de los textos, creemos y mucho en la fuerza transformadora de la sociedad brasileña y de sus emprendedores y amantes de la libre iniciativa, esa gente valiente.

Pero, ahora estamos aquí, al final del año para el cual hice los pedidos todos. Y el 2012 empieza a golpear en la puerta – y con él sus desafíos, venturas y desventuras.

En un año, mucho ha cambiado. En el campo político, una normalidad poco a poco se establece, lo que no quiere decir que estemos satisfechos con el cambio de parcela tan significativa de ministros por cuenta de denuncias de corrupción. Pero ella se establece en la medida en que el sentido crítico y la indignación vuelven a tomar cuenta del consciente colectivo, lo que fortalece el sistema democrático y, por último, las propias instituciones.

En la economía, a pesar del atolladero europeo y norteamericano, nos estamos manteniendo, más maduros a lo que parece. Poco a poco, ya no he escuchado los gritos y los flecos ufanistas del Brasil potencia, pero en su lugar surge un sentimiento de nación estructurada, realista, con menos samba, menos fanfarria y más realidad y percepción sobre el valor del deber de casa que debe se hace siempre (y que nunca llega al final).

En este campo, el año 2012 no parece prometer grandes celebraciones. La historia reciente (he vivido en la piel tanto la crisis de los años 90 como las de principios de este siglo) muestra que nuestra capacidad de sorprender las expectativas económicas son incluso sorprendentes. Ciertamente llegaremos bien al final del año que va a empezar.

Pero hay mucho para evolucionar. Nos falta el sentido de cobranza que un contribuyente honesto debe tener. Aquella altivez ante el Estado y sus instituciones, que no las deja de respetar, pero que contiene en su conjunto un escepticismo sano mezclado a una buena dosis de severidad y baja tolerancia ante la ocurrencia de los desmanes, de los desatinos y de la ridícula incompetencia. Sí, lector, somos demasiado tolerantes.

Por último, consciente de que la vida económica y empresarial se da en el día a día, en un conjunto de pequeños gestos, actitudes, hechos y sucesos, me reservo el derecho de repetir abajo las mismas peticiones que hice al final de 2010. Más una En vez, sé que voy a molestar a algunos, arrancar carcajadas de otros, pero también sé que muchos se identificar con mi lista absolutamente genuina de resoluciones de Año Nuevo:

  1. No estamos constantemente abordados por la gestión modinhas cuya importancia se diluye con la misma intensidad con la que se anuncian;
  2. Las personas involucradas en el mundo de los negocios abandonan el uso irresponsable y abrumador del gerundio en sus comunicaciones. Algo como: «Estamos haciendo, alineando, providenciando», usados ​​siempre para crear la imagen de movimiento y acción para algo que ya se sabe totalmente paralizado o engavetado;
  3. Que las empresas abandonen la inestabilidad como un cultivo permanente y empezar a verlo como un problema a resolver y no como una solución o calidad sin ninguna conexión. Y, en consecuencia, que nunca más escuchemos en una reunión o encuentro de negocios expresiones del tipo «Soy un hombre movido por cambios», como si la misma representase un adjetivo cualitativo;
  4. La actuación escénica nunca ganan el traje. Que nadie se permita ser persuadido o seducido por la oratoria o capacidad de expresión de alguien, sino convencido por la claridad de los hechos presentados y por la lógica de los argumentos;
  5. Que el mundo de los negocios a abandonar la idea de que la política es el lugar sólo para los políticos profesionales, sindicalistas, activistas y agitadores de esta o aquella tendencia. Es justamente por esa falta de participación y compromiso que vivimos en Brasil, absurdos como: a) Meses para abrir una empresa; b) una masacrante burocracia para sacar cualquier idea emprendedora del papel; c) una legislación laboral absolutamente anticuada y desestimulante para la generación de empleos formales; d) una brutal inseguridad jurídica; y e) La mayor carga tributaria del planeta, sin retorno en beneficios públicos. (No por aquí, hay muchos otros);
  6. Contamos con más personalidad y orgullo, lejos de nacionalismo barato, pero el abandono de tiempo, o siempre que sea posible, la costumbre de utilizar otros idiomas para expresar ideas, conceptos o lo que sea, estimulando así el neo-analfabetismo (dificultad expresión en el idioma nativo, verificado en persona dotada de instrucción);
  7. Que las reuniones son objetiva y estructurada, sin espacio para la realización de recitales o acciones frases, dejando las artes escénicas para el momento adecuado;
  8. Que los líderes son simplemente buenos jefes, dotados de habilidades para el liderazgo (ya que sería un buen tamaño) sin la rocambolescas aclamados pretensiones de convertirse en «El Líder», «El Gran Líder» o tal vez «El Gran Timonel»;
  9. Tenemos un poco más de confianza, que trata de opiniones discrepantes naturales, crítica o enfrentamientos carácter profesional, haciendo de este discurso de despedida actitud y unirse a la vida real;
  10. Que nadie se carga a ser políticamente correcto, pero anima a decir verdad, para ser honesto, incluso si no es del agrado;
  11. A abandonar los tópicos y los lugares comunes a cambio de la cultura, la profundidad y la precisión de sentido.

¡Con mucha esperanza y mis mejores deseos, que venga 2012!

Foto de sxc.hu.

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