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Las trampas del autoengano

As armadilhas do autoengano Yo Comenzamos este artículo con una cita de Alce Negro, «está en la oscuridad de sus ojos que los hombres están perdidos.» Ella consigue definir un estado que todos vivimos muchas veces en nuestra vida. Hablo del autoengano, de la negación de hechos y también de la simple falta de conciencia de la realidad. Este estado exagerado de autoengano [Bb] compromete demasiado la vida personal y profesional de los individuos.

Esta cuestión intrigante permea nuestro cotidiano y acaba minando nuestras capacidades y comprometiendo nuestras relaciones. El hecho es que, la mayoría de las veces, no nos damos cuenta que la culpa es nuestra y que sólo nosotros podemos revertir situaciones malas. El autoengano suele quedar evidente cuando ponemos la culpa de nuestros problemas en los demás o tenemos una mirada crítica en relación a los comportamientos ajenos, siempre creyendo que somos mejores!

Algunos ejemplos comunes serían:

  • La madre que dice que los amigos llevaron a su hijo «hacia el mal camino»;
  • La novia que, al ser traicionada, justifica la situación poniendo la culpa a la otra mujer;
  • El paciente que no cree ser portador de alguna patología;
  • El funcionario que no acepta que necesita mejorarse;
  • El ciudadano que se niega a admitir que es el gran culpable por su alto grado de endeudamiento.

Agimos como aquel niño que al correr tropieza en la silla [Bb] , cae y habla que la culpa es de la silla que estaba en el lugar equivocado! «Pero yo estaba disfrutando y la silla de repente apareció …» justifica lloriqueando poco a la madre.

Vamos a confesar que varias veces somos como ese niño y culpamos al mundo por nuestro fracaso, intolerancia y descontentos. Este tipo de comportamiento acaba empeorando el problema y nos vuelve rehenes del propio modo de pensar, pues no somos capaces de ver más allá del problema o insatisfacción. Esta ceguera o el autoengano provoca una relación interesante:

¡El peligro del autoengano!

El esquema nos muestra el ciclo improductivo en que acabamos entrando como consecuencia del autoengano. Funciona más o menos así: tengo un problema y, por cuenta de mi «ceguera», acabo viendo causas irreales y partiendo hacia soluciones [Bb] inadecuadas, y con ello agravio aún más mi situación inicial.

El autoengano es un recurso de autodefensa (y necesario en algunos casos) que surge cada vez que nos sentimos amenazados, decepcionados o nos encontramos con algunas verdades inconvenientes. Sería una manera de retardar la maduración y tener que hacer frente a las situaciones, como se ha señalado por el psicólogo Armando Correa S. Neto:

«Mientras la responsabilidad no recae sobre sí mismo, la infantilidad permanecerá disfrazada de azar»

Cuando empezamos a vernos de verdad, cuando incluso doloroso asumimos nuestras dificultades, nuestro «patrón de autoengano» cambia. Conseguimos percibir la situación real y pasamos a actuar con coherencia. Difícil? Un poco, pero vale la pena intentarlo.

Comienza a verte como protagonista de tu historia y no como víctima de ella. No trate de ser perfecto, pero trate de hacer lo mejor posible. Su vida puede mejorarse de los detalles! Para saber más y profundizar sus reflexiones, indico el libro «Auto-Engaño» (Compañía de Bolsillo) de Eduardo Giannetti de Fonseca.

Crédito de la foto de stock.xchng.

4.8
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