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La economía, el poder judicial y el clamor por la eficiencia del Estado

A economia, o judiciário e o clamor pela eficiência do Estado Por Gustavo Chierighini (@GustavoChierigh), fundador de la Plataforma Brasil Editorial.

Lector, no tomaré su tiempo destacando lo obvio, de que probablemente en 2013 continuaremos a la vez-potencialmente con aún más relevancia frente a otros competidores- una de las primeras y más destacadas posiciones en términos de carga tributaria en el mundo.

También no es necesario discurrir sobre las ineficiencias de nuestro aparato estatal, ausente de donde no podría ausentarse ni por un segundo, sino excesivamente presente donde debería ser discreto y sobrio, sus malabarismos para presentar resultados o maniobras de marketing y comunicación. Bien, estamos hartos de saberlo.

También es verdad que la apatía de nuestra sociedad en cobrar cambios efectivos en la dirección de la sensatez pública acaba por resultar en prácticamente ninguna iniciativa respetable o digna de aprecio que nos traiga por fin una relación costo-beneficio mínimamente aceptable y sostenible a lo largo del tiempo.

Pero fue en este contexto, durante un discurso de posesión, que el obvio, contundente y sediento clamor por la eficiencia ganó resonancia y expresión en la voz del actual presidente de la más alta corte brasileña.

El ministro Joaquim Barbosa, en un discurso directo, objetivo y de fácil comprensión para quien se interesó en escuchar, pasó lejos del «bobajal» ideológico, no dio la mínima para la narrativa de la dictadura de la dictadura de lo políticamente correcto y se fijó en lo que interesa.

Barbosa clamó sobre la necesidad de una máquina judicial rápida, justa, eficiente, pero «lejos de rapapés y firulas» (sic). Abordó la necesidad de construir un futuro dotado de verdadera seguridad jurídica, sin el cual jamás atraer las inversiones necesarias o la dinámica económica imprescindible para usufructuar de una economía moderna que haga frente a los inmensos desafíos nacionales.

A los que escucharon, un show sin retóricas – la actuación en el juicio del mensalão comprobó que Joaquim Barbosa no es hombre de retóricas -, sin platitudes, breve, pero con un recado bien dado sobre su visión de país. (En paralelo, en contra del fortalecimiento de las instituciones, tramita en nuestro legislativo el proyecto que inviabiliza el poder de investigación del Ministerio Público).

Si alguien duda del impacto económico de un poder judicial más eficiente y accesible, pregunte a un empresario que esté enfrentando un litigio, siendo él reo o por el activo en busca de derechos. También cabe preguntarse algunos inversores internacionales sobre cómo encaran el llamado riesgo judicial. Las respuestas ciertamente vendrán con un tono más que descrente, cuando no cargadas de pesar.

El poder judicial como poder independiente de la República es pilar de la sostenibilidad económica, de la garantía de derechos de propiedad y patente, del mantenimiento de la interacción social inherente a las economías modernas y prósperas, entre tantas otras garantías civiles.

¡Estamos avanzando! El discurso del recién electo presidente del Supremo Tribunal Federal es un aliento a todos los de sentido común, pero queda una pregunta que no calla: en noviembre de 2014, el actual presidente será sustituido como manda el reglamento interno de la institución. ¿Cómo será el discurso de su sucesor? Veremos.

Hasta el próximo. Foto de sxc.hu.

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