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La cultura empresarial correcta para perder dinero

Por Gustavo Chierighini, la plataforma editorial Editorial Brasil.

Querido lector, después de haber defendido la codicia y la ambición como valores económicos y vectores para la justicia social, esta vez traigo un poco de ironía corporativa.

Ah, antes una alerta: por favor, lean con atención y cuidado, pero no hagan nada de eso en casa, ok?

La idea de redactar este texto vino de un diálogo simple. Fue bloqueado en la sala de reunión de una gestora de capital de riesgo, ante la cual yo representaba los intereses de un cliente interesado en atraer inversiones a su plan de expansión.

El socio principal de la gestión se situó en el momento de la despedida y dijo a mis clientes: «Me gusta cuando vienen aquí, no son arrogantes, mantiene sus pies en el suelo y preservar la elegancia incluso en los momentos más estresantes.»

Era de hecho una negociación compleja, desgastante y repleta de idas y venidas. En medio del teatro de lo cotidiano, percibir la virtud ya es la propia virtud.

En el tránsito, volviendo a la oficina, por increíble que parezca lo que tomaba cuenta de mi cabeza no eran los evidentes desafíos que aún enfrentaríamos en aquella transacción, sino una duda sobre lo que motivó el elogio de mi interlocutor a mis clientes.

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Algunos patrones sólo traen destrucción

Pensando en ello, me he sensibilizado en cuanto a que algunos patrones de comportamiento son relevantes para la determinación del fracaso y el éxito de algunos proyectos empresariales, y en cuánto de confianza y desconfianza inspiran en sus interlocutores más astutos.

El punto es que la arrogancia turba el sentido crítico, y con eso no hay vuelo emprendedor que no sea así, medio ciego. Pues bien, el resultado es conocido: mucha arrogancia, pocos resultados.

No permita nunca el imperio de la burra. Siendo así, describo a continuación algunos consejos que representan todo aquello que usted no debe hacer, si no desea formar un equipo hueco, sin contenido y donde la burrice impere sobre la inteligencia y la capacidad. Considere lo siguiente:

  • Elegir una generación como la «más competente de todas». Construir la falsa imagen de que su equipo pertenece a una determinada generación, y que eso por sí solo ya representa un diferencial competitivo. Tipo «somos de la generación Y»;
  • Nada de críticas o autocríticas. No acepte (y no permita que su equipo acepte) críticas dirigidas al negocio de ustedes o la forma en que se conduce;
  • No apreciar la «experiencia». Deje esto claro en un cuadro en la recepción de la oficina. Ridiculice toda y cualquier experiencia compartida, comentario o análisis que venga de cualquier profesional que no pertenezca a la generación «elegida». Después de todo, ellos son viejos y economía 3. 0 (podría ser 4.0, 5.0 o 6.0, ya sabes, los clichés aceptan cualquier sentido) la experiencia es un factor irrelevante;
  • Estimule la cultura del fundamentalismo emprendedor. Ataca el sentido de que están construyendo un negocio que trae utilidad, buenos servicios o productos junto con buenas ganancias y resultados. En lugar de eso, estimule la percepción de que van a cambiar el mundo y de que nada, ni nadie los detendrá. Pero hazlo con una sonrisa debochado y confiada;
  • Nada de formalismos de seguridad o protocolos de conducta. No cumpla (y no permita que nadie cumpla) cualquier protocolo negociador. No sea puntual, no haga necesariamente aquello con lo que se comprometió y cambie de idea o posición sin justificación o cualquier cuidado. En resumen, actúe con imprevisibilidad;
  • Sea una persona difícil. Sea agresivo y grosero en el trato con socios, inversores interesados, clientes o con cualquier otro interlocutor que se aproxime. Establezca punición para los colaboradores más cordiales;
  • Nada de meritocracia. Adopta el «mimimi» de una vez por todas.

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Por fin, juegue en la línea del precipicio. La lista podría ser mucho mayor, pero la última sugerencia sería la de eliminar cualquier resquicio de sentido común. Y, en su lugar, implantar la ideología de una confianza tan inquebrantable que incluso en la punta del precipicio, nadie pueda percibir su miedo. Un abrazo y hasta el prójimo

La cultura empresarial correcta para perder dinero
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