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Infraestructura puede minar el crecimiento de Brasil

Infraestrutura pode minar o crescimento do Brasil Recientemente publiqué aquí en Dinheirama el artículo «Brasil y la Brag Europea», donde citó a las críticas del Financial Times, la situación económica en Brasil, clasificado como «América Latina Brag». En la última semana, día 21, fue el turno de la revista británica The Economist dar sus alfileradas. En tono mucho más ameno que el utilizado por el FT, el reportaje difundido por la revista alerta que el ritmo de crecimiento de la economía brasileña puede tornarse insostenible.

La argumentación es que no existe, en el país, una cultura de inversión [Bb] y un buen aprovechamiento de los recursos que están siendo generados por la ola de crecimiento. Los expertos creen que un crecimiento superior al 5% puede llevar a la economía a un colapso en 2011 y que los recortes de gastos anunciados por el gobierno no bastarán para compensar ese efecto.

En esa misma semana, el Financial Times publicó un nuevo reportaje sobre la economía brasileña (mostrando que estamos en la pauta de los comentarios económicos de Europa), alertando que la falta de infraestructura puede comprometer lo que llama «futuro brillante» de Brasil, futuro que afirma aún estando fuera de nuestro alcance.

El diario británico cita como graves los recientes problemas de deslizamientos ocurridos en Río de Janeiro, el lento desarrollo del transporte público de masa y de la red viaria mientras aumenta sustancialmente la cantidad de automóviles en las calles, ya incapacitados de comportarse. El periódico aún examina la situación de los diversos sectores como vivienda, energía, construcción civil, bancos, agricultura e industrias naval y siderúrgica, evaluando obstáculos y avances.

Sinceramente, en ese aspecto yo debo estar de acuerdo con los analistas del FT y de la revista The Economist. Al final de mi artículo anterior, cité que lamento sólo la falta de un gobierno más capacitado para administrar adecuadamente el momento de crecimiento por el que pasamos. En realidad, la falta de infraestructura puede transformarse en nuestro «talón de Aquiles», pues no favorece la sostenibilidad de nuestro crecimiento, incluso ante la inmunidad que parecemos tener ante las crisis internacionales que asolan mercados financieros a todo el mundo.

Esta es también la opinión del Premio Nobel de Economía en 2004, Edward Prescott, que se encuentra en Brasil como un representante de la Congreso ExpoGestão en Joinville, Santa Catarina. Para Prescott, el crecimiento de la economía brasileña [Bb] por encima de la expectativa en 2010 no trae ningún riesgo a Brasil y muestra que el país está produciendo más y mejor. Sin embargo, él alerta que el crecimiento económico sólo trae beneficios reales para un país si las autoridades saben invertir ese resultado positivo en favor de la sociedad. Es en ese punto que la burocracia y la morosidad de nuestra máquina gubernamental pesa.

Los problemas relacionados con el transporte ya son bastante visibles, no sólo en las grandes capitales, pero hasta en las ciudades más pequeñas, en el interior de los estados. Hablo de ello con propiedad, porque vivo en una de ellas y vivo en medio de un tránsito caótico y una malla de transporte público que no atiende más a la demanda.

En las grandes ciudades, la situación es aún peor. Paramos en el tiempo y no estamos invirtiendo en la modernización y ampliación de la capacidad de transporte. La ciudad de México, por ejemplo, tiene casi diez veces más líneas de metro (en extensión) que la ciudad de São Paulo. En el transporte de cargas también estamos «atrasados», todavía nos valemos del costoso transporte por carretera para escurrir y distribuir nuestra producción, cuando sería mucho más barato y eficiente utilizar ferrocarriles, que tiene bajo costo operacional y un gasto infinitamente menor con mantenimiento.

Con eso eliminaríamos buena parte del tráfico de las carreteras y disminuiríamos la contaminación del aire. El sector de energía también preocupa. Si no tenemos problemas serios para producir energía, faltan inversiones en el área de distribución y, principalmente, en la asignación de recursos de contingencia.

El crecimiento sostenible exige la capacitación de mano de obra y la formación de profesionales competentes. En este aspecto de nuestra cadena de desarrollo presenciamos una creciente omisión del Estado en proveer y aparar adecuadamente el sistema público de enseñanza, que debería ser capaz de promover la formación básica y la capacitación de nuestros niños, jóvenes y adolescentes [Bb] para el ingreso en el mercado de trabajo.

Por último, la falta de inversión y de gestión sobre sistemas de saneamiento básico y tratamiento de aguas, alcantarillas y efluentes industriales viene a completar la lista de fallas de infraestructura que necesitan ser subsanadas para que ese crecimiento se convierta en desarrollo. Sólo de esa forma dejaremos (finalmente) de ser un país en desarrollo para convertirse en un país desarrollado.

Foto de crédito a freedigitalphotos.net.

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