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Independencia financiera, libertad y dinero

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Marcia dice: «Navarro, sería genial ser capaz de confiar en su testimonio acerca de la educación financiera y la disciplina cambiado su vida y sobre todo su capacidad para lograr las metas. Mi sugerencia es simple: ¿qué tal resumir, en diez o menos consejos, los principales cambios y actitudes que lo hicieron tener dominio sobre su dinero y finalmente alcanzar la independencia financiera? Estoy seguro de que muchos lectores estarán contentos con esta posibilidad de dialogar abiertamente con usted. Topa? «

Se abre un nuevo debate sobre la soñada independencia financiera. Sus interpretaciones son, afortunadamente, muy personales y aquí quisiera compartir mi visión: independencia financiera para mí significa dar velocidad suficiente al dinero ya ahorrado e invertido para que él, para siempre, tiene intereses y dividendos mayores que su nivel de vida. Trabajar, que quede clara mi opinión, sólo en lo que realmente tiene gran significado. Al parecer, mi definición implica la atención de dos aspectos importantes:

  • El patrón de vida debe mantenerse constante, corregido sólo con el piso de la economía (inflación, costo de vida, etc.). Esto significa que los cambios en el nivel de vida y en el día a día financiero de la familia (llegada de hijos, cambio, emergencia, etc.) deben ser acompañados de nuevo planeamiento y revalorización del capital asignado para mantener la salud financiera de todos;
  • El nivel de vida debe ser sostenible y compatible con sus ingresos provenientes de los intereses y dividendos, no del eventual trabajo que realiza hoy. La afirmación se confunde con la anterior, pero de forma intencional: se trata de reforzar el foco en la vida basada en el dinero que está trabajando por usted – y no en el trabajo actual por más capital. En otras palabras, basta con dar sustentabilidad al flujo de caja familiar.

Aprender a organizar las finanzas personales y transformar el control financiero en un hábito no siempre son tareas agradables y sencillas de ponerse en práctica. La razón es simple: dejar de consumir trae una sensación cruel de exclusión moral y social-situación especialmente agravada cuando aún somos jóvenes. Pero, como todo cambio, se trata de una elección; y la buena noticia es que siempre podemos (debemos) elegir. ¿Qué es más importante? ¿Por qué? Elegir!

Así, permítame listar lo que aprendí y qué hábitos trato de valorar y vivenciar diariamente:

1. Respetar los pequeños valores. Creo que ya mencioné en algún otro texto que llegué a ignorar las monedas. Yo no tenía donde llevarlas y siempre daba una manera de gastarlas o de librarme de ellas – éstas eran mis disfrazadas disculpas. Agía como un completo idiota, tienes razón. Aprendí que los pequeños valores representan cuánto respetamos nuestro dinero y que si queremos ser ricos debemos prestar atención a una máxima fundamental: la subjetividad de los pequeños valores puede llevarlo a decisiones equivocadas cuando mucho dinero está en juego. Hoy busco guardar todo y cualquier centavo;

2. Crear y mantener un organizado y completo presupuesto doméstico. Siempre valoré mucho la sensación de control. Confieso que el pensamiento lógico y la racionalidad, características marcadas de mi personalidad, facilitaron el proceso. Hoy no puedo pasar un día sin abrir Microsoft Money y algunas hojas de control de mis negocios. Saber exactamente por donde anda mi dinero, como él trabaja por mí y cómo puedo gastarlo me da tranquilidad suficiente para dormir sosegado y con la certeza de que mañana tendré más de lo que tengo hoy;

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3. Aprender a decir «no» para mí mismo. Tengo sueños materiales igual a los de cualquier joven de 28 años; tengo ambiciones naturales a mis pares; tengo intereses y dudas igualmente compartidos entre mi generación. Pero aprendí que el tiempo es un arma fundamental para que seamos capaces de sostener nuestros sueños y vivirlos de forma más intensa y duradera. Luchar con la frustración fue una lección aprendida a duras penas, pero quizás la más importante en la formación de mi «yo financiero»;

4. Definir prioridades. Es casi siempre muy fácil enumerar lo que queremos alcanzar. El problema está en definir cuándo y cómo llegaremos allí. Las prioridades suelen ser las grandes barreras para una planificación financiera eficiente. Sin horizonte, muchos inversores desisten; o, con muchas alternativas por considerar, otros prefieren conectar el «piloto automático». Aprendí a definir prioridades con disciplina y sencillez. Corro detrás de lo que puedo conquistar; llegando allí, comienzo todo de nuevo;

5. No creer en milagros financieros. Promesas de retornos fantásticos, productos diferenciados y que aún no tienen repercusión en el mercado y consejos «de otro mundo» simplemente no me atraen. Yo suelo afirmar que la velocidad de mi dinero es la que puedo manejar. Es decir, si el recorrido requiere una frenada brusca o un giro, soy capaz de realizarla sin grandes sustos. Si lo prefiere, traduzca la metáfora de otra forma: invierta en lo que usted entiende. Es sólo;

6. Arriesgar, pero con pleno conocimiento de las posibles consecuencias. La afirmación es muy clara: procuro comprender bien el producto o mercado en que estoy invirtiendo y listo las posibilidades de éxito y fracaso de los negocios allí encontrados. Si estoy de acuerdo con los riesgos, arriesgo; si juzgo la cosa complicada o sofisticada demasiado para mí, humildemente me alejo y busco nuevas oportunidades dentro de mi realidad;

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7. Leer e informar sobre dinero, finanzas y economía en general. Encontrar nuevas alternativas de inversión no siempre es simple. Si la decisión es mía, trato siempre de investigar y leer mucho sobre el tema. Los libros, blogs, sitios, artículos técnicos, testimonios, revistas especializadas, todo eso se transforma en fuente de conocimiento para mis decisiones cotidianas. Sólo así me siento cómodo para ahorrar e invertir;

8. Mantener objetivos claros, sostenidos a través de inversiones mensuales. ¡Comprar, sólo a la vista! Invertir sin propósito funciona conmigo por un tiempo, pero la clara falta de garantía de la capacidad de sostenerme y cumplir las propias expectativas en el futuro me hizo cambiar. Por lo tanto, sugiero que usted haga como yo: defina lo que usted quiere, sepa cuánto le va a costar y pasa a componer el valor necesario para llegar allí. Una TV, un coche, una casa o su jubilación, no importa. Precifica, ahorra, invierte y compra a la vista;

9. Aprender matemáticas financieras. Cansado de quedar en duda ante buenos y malos negocios, decidí que era hora de entender cómo se calculaban los intereses, el riesgo, la incidencia de Impuesto a la Renta, la tasa de administración y otras importantes variables de decisión de mi día a día. Afortunadamente, lo hice muy temprano y hoy entiendo perfectamente la lógica detrás de las buenas negociaciones. Es aquella historia: aquellos que no se dedican a conocer lo básico, pagan intereses; los que comprenden la lógica del dinero, los reciben. Pues es, la matemática financiera ha salvado mi piel;

10. Buscar constantemente opciones de inversión y, si es necesario, cambiar la cartera. Independiente de los plazos estimados para alcanzar mis objetivos (corto, mediano o largo plazo), siempre dedico algunas horas al mes, semestre y año para evaluar mis inversiones y negocios. Necesito estar cómodo cuando los encaro; si no está, mudo la estrategia y la asignación de los recursos. Raramente mudo prioridades.

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Usted acaba de conocer lo básico que sostiene mis decisiones financieras. Como percibe, soy un sujeto muy pragmático, pero bastante consciente de la importancia del dinero como factor de realización personal y social, como herramienta para una vida plena y feliz. La única razón para hacer crecer mi patrimonio financiero es invertir en la libertad de hacer lo que me gusta, al lado de quien respeto, cuándo y cómo bien entender. Independencia financiera, sólo (todo) eso!

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