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Impuestos masacrantes: por una imposición simple, baja y justa

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Por Victor Sarfatis Metta, que es un socio de los Rosenthal y Sarfatis Metta abogados, Master en Derecho Tributario de la PUC-SP y escritor Brasil Plataforma Editorial.

«Tierra Arrasada» es el nombre que se da a una estrategia militar bastante eficaz. Consiste en destruir, en su propio país, todo lo que pueda ser útil a un ejército invasor. Es decir, el ejército de un país atacado puede defenderse destruyendo el propio país en vez de atacar al ejército invasor.

Así, a medida que el defensor retrocede, no deja al invasor nada útil. No ciudades, sólo ruinas. No ciudadanos, sólo refugiados sin lugar para vivir. No campos, sólo quemados. Pozos de agua sucios o tapados, campos de petróleo en llamas, etc.

El invasor no se beneficia de los recursos del país invadido y está obligado a alimentar a sus soldados a partir de sus propios recursos, que necesitan venir de cada vez más de lejos.

La esencia de esta estrategia es el deseo de vencer a cualquier costo, aunque perjudicando al propio pueblo. En regla, perjudicando hasta más de lo que el invasor lo haría. Sólo que funciona muy bien. Es por eso que viene siendo utilizada con mucho éxito por toda historia, desde la antigüedad, las invasiones de Rusia por Napoleón y Hitler hasta las guerras actualmente en curso.

Ah, la práctica de la «Tierra Arrasada» también está siendo practicada por aquí, en la política en curso de nuestra recaudación tributaria. Me explico.

Hay un concepto en el derecho llamado «sucesión», que es la transferencia de una deuda a un tercero. Básicamente, cuando la ley tributaria transfiere una deuda de un contribuyente a otro, o graba esa deuda en los bienes del deudor, ella está impactando innumerables relaciones de negociación – destruyendo generación de riqueza – a cambio de una mejor oportunidad del ente público recibir el crédito que considera debido.

Con ello, el gobierno practica verdadero terrorismo contra los contribuyentes, forzándolos a priorizar la aprobación de la gestión de los tributos antes de cualquier otro pago y haciendo que se fiscalizan unos a otros, aumentando el costo de las transacciones.

Lo que era para ser una decisión negociadora pasa a involucrar a un abogado, un contador, un lobbies y un futurólogo. Mi punto es que, en esencia, las autoridades fiscales practican la política de los proverbiales marido-kills-celosos-que la esposa: «Si es mi no será nadie.»

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Voy a tratar de dejar las cosas más claras. No seré técnico, como les gustan los abogados, pero todo lo que diré abajo es real y tiene previsión legal.

Imaginemos una empresa en dificultades financieras. A cierta altura del campeonato el empresario probablemente ya dejó de pagar impuestos, pues en Brasil se paga antes de vender e independientemente de lucrar.

Lo esencial es mantener el negocio vivo, priorizando a empleados y proveedores. ¡Sucede que, gracias a esta dinámica, ese negocio ahora se ha vuelto «maldito» y altamente «contagioso»! Eso porque quien lo adquiere lleva consigo sus deudas de brindis. Por lo demás, quien ocupará el mismo punto comercial, si es de la misma rama, también lleva.

En determinadas circunstancias, quien contrata con esa empresa también sale debiendo. Otros, como precaución, no van a trabajar con ella si no puede demostrar estar al día con el gobierno, efectivamente sellando el destino del deudor, en un ciclo vicioso. Es la tributación peste-negra-con-ebola-zombi.

Si se consigue clientes, claro, pues después de unos pocos meses, esa empresa será inscrita en el Serasa y aún impedida de emitir la factura.

Si ella consigue vender, podrá tener sus mercancías incautadas en la carretera o en el puerto, y si aún si logra finalizar el negocio y recibir del cliente, podrá haber provisto bien a tiempo los recursos para que el gobierno abuche por «embargo en línea» cuenta bancaria.

En ese país, el deudor tributario no vende inmueble, no vende coche, está prohibido participar en licitaciones. Voy a parar por aquí, pues me cansé, pero todavía hay muchas otras restricciones.

¿El contribuyente, presionado, hace qué? Se protege como puede. En ese país, el empresario honesto también sabe que necesita «blindar» su patrimonio. En el caso de las cuentas de terceros, no declara bienes, registra otros en nombre de naranjas, no vende lo que debería estar en el mercado y por ahí va.

Note cuántos bienes quedan fuera del comercio; cuántas empresas se vuelven inviables; cuánta riqueza es simplemente tostada para que el gobierno garantice su parte de algo que sólo ha trabajado para inviabilizar.

Mientras los márgenes de beneficio se sitúan en torno al 5 al 8%, el gobierno lleva el 50%, habiendo costado otro 10% para la empresa sólo para obstaculizar menos. Y aún se habla de la erradicación del trabajo esclavo …

¿La solución? Una imposición simple, baja y justa. Simple, que no genera inseguridad y burocracia. Baja, que no anima a nadie a pensar mucho en cómo evitarla, si es más barato pagarla pronto. Y justa, que no interfiera en las elecciones de los participantes de mercado, que no puna lo más exitoso o un sector en beneficio de otro, que sea igual para todos. Simples así. ¿Que tal?

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Foto «Burocracy», Shutterstock.

Impuestos masacrantes: por una imposición simple, baja y justa
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