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El valle de las oportunidades perdidas

O vale das oportunidades perdidas Voy a empezar el texto con un cuestionamiento: ¿Cómo nacen las resacas económicas? El lector podrá responderme afirmando que se originan de las burbujas de la economía [Bb] o, quién sabe, del abuso de los movimientos especulativos. Pero, para resumir, yo mismo respondería afirmando que nacen de las oportunidades perdidas. Una oportunidad perdida para contener la raíz de un tsunami financiero (Lehman Brothers); la oportunidad jugada en la basura de imponer mayor rigor en la segregación de actividades de bancos de inversiones y bancos comerciales (el contexto de la crisis de 2008) y por ahí va.

Son ejemplos actuales, pero aún así no ilustran el tema central. Entonces, para ayudar, vamos a encajar en el texto una breve historia del viejo oeste. Las oportunidades desperdiciadas en el tiempo y en los hechos son como el «caballo encajado» debajo de la ventana. El hombre está allí, la disposición para ser montado, el mito sabe que caer sobre él es la mejor alternativa, sabe que él es el pasaporte para mejores y más interesantes aventuras, que la consecuencia principal de no montarlo y dar en el pie será la de pasar el resto de la vida siendo explorado y cosechando patatas de sol a sol.

Pero él prefiere olvidar esa lógica contundente, se llena de miedo ante los trastornos y el trabajo que abandonar su pacífica y previsible vida traerá y decide renunciar al caballo, que instantes después pasa galopando delante de él, esta vez montado por un caballero más audaz e intrépido.

¿Pero qué tiene que haber con las resacas económicas y la oportunidad perdidas? Llego allí.

El inversor y un experto en los mercados de materias primas, Jim Rogers, afirma categóricamente que el partido en la extracción y venta de los recursos naturales en países como Brasil está lejos de terminar.

Alivio? A corto y medio plazo y ante las circunstancias puede hasta ser, pero qué decir sobre el largo plazo? Sobre el futuro?

Esta vez, me disculpo ante el lector por propósito esquivar las posibles respuestas y la retórica y, en un intento de sembrar una pregunta gigante y sana a la cabeza de cada uno, yo destacaría a continuación algunas de las preguntas más incómodas, todos de ellos corriendo a la cabeza de vaquero mirando » caballo encolado «:

  • ¿Hasta cuándo vamos a acomodarnos anclando nuestra fuerza económica en la extracción y ventas de riquezas naturales?
  • Hasta cuando los ambientes académicos vivirán distanciados de la realidad de los mercados [Bb] y de sus urgencias funcionales?
  • ¿Cuándo de hecho la inversión en educación se transformará de retórica para el hecho consumado y concreto?
  • ¿Cuándo vendrá la tan esperada reforma tributaria?
  • ¿Cuándo abordaremos de frente los problemas de seguridad brasileños?
  • Cuando tengamos una clase empresarial cohesionada y comprometida, que repudie la idea de simplemente mantener inversiones y contribuciones socioambientales y que pase a actuar exigiendo la correcta aplicación de la bilatería recaudación fiscal, junto con la desburocratización para la libre creación de iniciativas empresariales?
  • ¿Cuándo de hecho podremos contar con relevantes incentivos al desarrollo tecnológico ya la investigación científica?
  • ¿Cuándo ocurrirá la reforma de la legislación laboral, potenciando el crecimiento del empleo formal, junto con la deshonación para los emprendedores?
  • Nuestra resaca económica nunca vendrá? ¿Contamos con protección divina?

Nuestros compañeros de gremio «Brics» están montando sus «caballos encogidos». Nuestros competidores de dicho primer mundo están a los trancos y barrancos purgando sus problemas. La fila anda y las oportunidades [Bb] pasar. ¿Qué haremos?

De dos una: o montamos en los caballos o veremos la misma banda pasar, recurrentemente, tocando la misma música, con los mismos músicos, en el mismo valle de las patatas.

Hasta la próxima.

Foto de freedigitalphotos.net.

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