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El poder destructivo de la crítica: prefiere practicar el refuerzo positivo

Este texto va a sonar muy extraño viniendo de una cara como yo, después de todo, soy un crítico inveterado. Pero en algún punto de mi vida, descubrí que no existe tal cosa como «crítica constructiva». Las críticas tienen un carácter destructivo, poderoso y único.

Entonces, toda crítica, de la forma en que conocemos, es destructiva. Troquemos la expresión «crítica constructiva» por otra que represente mejor el significado oculto de lo que, en teoría, se pretende; «Enseñanza», «cuestionamiento» o cualquier cosa que esté de hecho vinculada a la creación, construcción.

Quien critica no quiere enseñar o construir nada, quiere causar malestar ajeno y alimentar a su propio ego, pues el tono de una crítica es siempre negativo, destructivo. De lo contrario, siempre nos notificará a la otra que «vamos a hacer una crítica constructiva.» Es como decir: «Voy a perforar su cara, que le hará daño, pero no me enojo.»

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Soy crítico, detallista. Pero, con el paso del tiempo, estoy cambiando la forma en que abordo a la gente. «Críticas constructivas» se convirtieron en «cuestionamientos», de modo que, en lugar de apuntar una supuesta falla, yo cuestiono «cómo se podría hacer de otra manera».

Y, cuando estoy emitiendo una opinión, dejo claro que se trata de mi opinión, nada más. Quien la escucha tiene el derecho de gustar (o no), pero, jamás, puede cuestionar una opinión. Es como gusto, cada uno tiene el suyo.

La gente reacciona mejor cuando son llevadas a repensar sus actos, a través de un cuestionamiento educador. Las llamadas «devolutivas» son preguntas que «devolvemos» a las personas después de una colocación o actitud.

Por ejemplo: fulano llega y reclama para usted de un compañero de trabajo. En lugar de criticar la actitud (o ayudar a hablar mal), que da una regeneración «, que pensó que podría estar experimentando un problema? ¿Has intentado conversar con él?

Es impresionante el poder de transformación de las «devolutivas», de forma que, con el paso del tiempo, creamos el hábito de cuestionarnos antes de actuar. Al final, la mayor transformación viene de nosotros mismos, y qué manera mejor que promover el uso de la razón, en lugar de desmotivar al prójimo?

Una vez que el cuestionamiento es aprendido, es importante recordar el «refuerzo positivo», o simplemente elogio. Vivimos en una sociedad viciada en criticar, cobrar resultados y castigar cuando no llegan. Sin embargo, los elogios son raros, pues los aciertos son vistos como «nada más que la obligación». ¿Y qué trae? Personas desmotivadas, que producen sólo lo necesario, después de todo, cuál es el incentivo de ir más allá?

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No tenga miedo de elogiar un buen rendimiento, o incluso recompensarlo. Sea de sus liderados o en su casa, el refuerzo positivo tiene un poder enorme de hacer que la gente vaya más allá de lo común.

Los grandes líderes y las empresas ya lo entendieron: las personas necesitan estar motivadas y el reconocimiento es una de las armas más poderosas para ello. Aunque el rendimiento sea «sólo lo esperado», reconozca, elogie. Al fin y al cabo, sabemos que, incluso las personas con rendimiento mediano y regular, son difíciles de encontrar. (La rima fue accidental).

Hay una frase que, asignada al Prof. Mario Sergio Cortella, que resume lo que estoy tratando de decir con todo esto: «Alabanza en público, en privado correcta. Un líder corrige sin ofender y guía sin humillar.

¿No es necesario ir mucho más allá, necesita? Antes de terminar, voy a hablar también de los «críticos profesionales». Miles – o millones – de personas están influenciadas en no ejercer su derecho a decidir lo que les gusta, pues hay muchos idiotas con poder para persuadirlos.

Nosotros nunca sabremos cuán bueno o malo es algo hasta que experimentamos; el mejor juez para nuestras vidas somos nosotros mismos y el mejor juri, las experiencias que vivimos. En el cierre, transcribo un extracto del texto impecable de «Anton Ego» carácter Ratatouille de Pixar en comentarios a:

«En cierto modo, el trabajo de un crítico es fácil. Nos arriesgamos poco y tenemos placer en evaluar con superioridad los que nos someten su trabajo y reputación. Ganamos fama con críticas negativas, que son divertidas de escribir y leer. Pero la dura realidad que los críticos debemos considerar es que, en el cuadro general, la marea más simple quizá sea más significativa que nuestra mejor crítica.

Listo para cambiar el modo de pensar, ser un líder o educador de la familia? ¿Listo para experimentar y formar sus propias opiniones? Es un desafío enorme, pero muy gratificante. Es mi invitación para dejar juntos un legado de personas experimentadoras, motivadas y, a su vez, educadoras. Espero en el próximo texto, hasta allí.

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