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El juego político corporativo: un camino peligroso

O jogo político corporativo: um caminho perigoso El tema común en el circuito empresarial, la búsqueda incesante por la excelencia y el constante enfrentamiento de la más dura y sana competencia es siempre tomada de superlativos y clichés que, poco a poco, inundan el entendimiento común sobre las hazañas ejecutivas, sus hechos, legados y éxitos.

Con eso, el mundo corporativo ejerce su fascinación, envuelto en una atmósfera donde conceptos como meritocracia y competitividad [Bb] que imponen toda una cultura que transforma a sus más prominentes actores, los ejecutivos profesionales, en seres casi mitológicos, pero con poderes robóticos, guiados por el esfuerzo, las competencias individuales, la ética y las habilidades de liderazgo.

graduados jóvenes, atraídos por el mismo contexto, aspiran a unirse a las grandes organizaciones que buscan la oportunidad de ser un día, los principales actores de esta obra de Darwin.

Aunque algo idealizado, la narrativa anterior describe con cierta fidelidad el universo de este estrato social acostumbrados a grandes cargas de trabajo, la falta de sueño, con las cuentas bancarias de grasa, pero no hay tiempo, ya menudo poco dispuestos al ocio, agotado por el ritmo frenético y el peso de las exigencias.

Pero poco se habla sobre el juego político corporativo, menos aún sobre sus impactos, y nada sobre la carga que puede representar.

En el libro «El poder: ¿Por qué algunas personas lo tienen, y otros Don`t», escrito por Jeffrey Pfeffer, reconocido profesor de la Universidad de Stanford, el tema se aborda en forma sin barniz. Más que eso, su contenido permite diferentes interpretaciones, siendo que algunos pueden tomar al pie de la letra las recomendaciones extraídas de la obra de Nicolás Maquiavelo, el maestro de la ciencia política del renacimiento.

En este contexto, no se observa nada sobre eficiencia, líderes servidores o meritocracia, pero mucho sobre el juego arduo y frío de acceso al poder [Bb] , cueste lo que cueste. En este caso, los accionistas son meros espectadores, o, quizás, un obstáculo a ser vencido.

Sin embargo, para un lector más astuto el contenido suena como una crítica de ese mismo juego insano, que fragiliza las estructuras de gestión, inhibe iniciativas emprendedoras y llena de desaliento y desprecia a aquellos que realmente quieren hacer algo concreto.

Los expertos afirman categóricamente que los ambientes organizacionales cargados de gran politización interna generan alta rotación de personal, alejan a los colaboradores competentes y contaminan al equipo con un clima de desconfianza e inestabilidad que acaba por inviabilizar a la empresa a lo largo del tiempo.

Me quedo con el lector más astuto y con los expertos. El juego político corporativo no agrega valor, toma tiempo, dinero y, peor, acaba por permitir la creación de «instituciones» paralelas a la propia empresa.

En términos de política, prefiero la de expresión nacional. En ella sí falta, y mucho, la participación de ejecutivos y empresarios, eternos pagadores de impuestos, pero con muy escasa voz activa. La empresa es lugar para trabajar, para la búsqueda de la realización profesional y, por supuesto, ganar dinero [Bb] . Nada más.

Foto de crédito a freedigitalphotos.net.

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