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El fracaso también agrega valor

O fracasso também agrega valor En primer lugar vamos a dejar una cosa bien clara: hay fracasos y FRACASOS. Los FRACASOS son gravísimos, pueden ser fatales y desestructurantes. Pero los demás, los fracasos, son inevitables, incomprendidos y desvalorizados. El hecho, querido lector, es que vivimos bajo el culto ciego al éxito. Sólo se habla de él y nadie parece ser capaz de admitir lo contrario.

Es impresionante, nadie comete errores. En el contexto de algunos ambientes corporativos, ni se habla – calma, reconozco que hay muchas excepciones. El fracaso se volvió palabro e incluso las mayores tonterías pueden ser enmascaradas y comunicadas con aires de éxito y superación. Nada más natural, después de todo, que en esos lugares cualquier besteirinha lleva al desprestigio, y allí ese es el mayor error que se puede cometer.

Pero, ¿cuál es el resultado para una empresa que no puede admitir que fracasos y errores son saludables e inevitables? La respuesta es un equipo inseguro, infantilizado y emocionalmente despreparado para lidiar con adversidades [Bb] . Entonces, para compensar, crean un ambiente pasteurizado, de donde los competentes intentan huir y los acomodados permanecen realizando (o sería embromando?) Para parecer que están realizando. Sí, porque realizar de hecho involucra riesgos, errores, fracasos y capacidad para lidiar con caídas.

Pero eso es imposible si el castigo está al acecho para quien se equivoca tratando de innovar y hacer algo concreto. En este contexto, considerando que usted es un emprendedor de verdad y desea crear un ambiente de trabajo fértil para recoger la innovación y los logros de su equipo, la clave puede estar en cómo manejar algunas preguntas y creencias a menudo presentes en la palabrería corporativa.

Francos y valientes en lugar de medrosos y aduladores.
Huir de los que responden en la entrevista que están allí para «vestir la camiseta de la empresa.» No se engaña con esas frases hechas, nadie está en ninguna parte para vestir la camisa de los demás. Las personas competentes quieren crecer profesionalmente, hacer cosas bacanas y bien hechas y ganar dinero [Bb] . Simple así, y nada más legítimo. Por tanto, contrate quien tiene el coraje de decir la verdad, de arriesgarse, de no agradarle. Estos odian enrollar, son más maduros, honestos y saben realizar.

¡Liderar con madurez, buen sentido y franqueza, siempre!
Pocas cosas son más aburridas y desestimulantes que un jefe adoctrinante, loco para poner en práctica el último cliché sobre liderazgo personal y al mismo tiempo excesivamente atento para apuntar (y castigar) minúsculos errados de su equipo. Pero tampoco ayuda nada a anular y no decir la verdad cuando ésta es fundamental y necesaria.

Las personas competentes saben lidiar con ella y trabajan para corregir las fallas, pero al mismo tiempo, huyen en la primera oportunidad al encontrarse con líderes [Bb] sofocante. El riesgo está en aquellos que se quedan, no se molestan con eso y no tratan de caer. Estos ya han encendido el piloto automático. Sólo dirán lo que el jefe vanidoso quiere escuchar y hacer sólo lo que es cómodo y no trae ningún riesgo. En resumen, van a enrollar.

La estabilidad también construye.
Un ambiente de trabajo en permanente (mutilación), donde la estrategia que se define el viernes nunca puede sobrevivir al fin de semana, donde los colaboradores viven en permanente tensión, con miedo de perder sus empleos por cualquier cosa, no puede resulta en nada muy sólido.

La creencia de que la inestabilidad por la inestabilidad ayuda a crear equipos más fuertes y determinados, y que la presión por metas irreales colaboran para resultados más robustos se ha revelado un gran disparo en el pie. En la vida como ella es (gran Nelson Rodriguês), el miedo de la dimisión neutraliza el coraje realizador.

Metas imposibles crean una cultura mentirosa y el resultado es un equipo con gran rotatividad, restando la empresa del acervo de experiencia y aprendizaje comunes, tan caros para su supervivencia. Por último, necesitamos comprender que negar la importancia de los inevitables errores y fracasos de cualquier historia empresarial trae el riesgo de no usufructuar de sus efectos pedagógicos; Al final, quien no erra jamás acierta.

Foto de crédito a freedigitalphotos.net.

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