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El capitalismo en China y la democracia

O Capitalismo na China e a Democracia La referencia capitalista que la China comunista representa desde hace mucho ha dejado de sorprender a analistas de mercado y expertos en desarrollo económico. La estrategia de Estados Unidos dirigido por el ex presidente Richard Nixon – la víctima de la acusación – sorprendiendo al mundo en términos de política exterior, para establecer, en los años setenta ( la altura de la Guerra Fría), una política de enfoque comercial e industrial en China no tardó en surtir efecto.

Preocupados por las consecuencias de una China explícitamente hostil y dotada de creciente poderío político y militar, decidieron por el camino de la proximidad, permitiendo comprensiones y la eliminación de mutuas desconfianzas y mitos que no ayudan en nada en la construcción de las saludables relaciones internacionales – y mucho menos a la paz.

Muy bien, en este episodio de la historia observamos un gobierno -el norteamericano- invirtiendo en la relación de mercado con una nación políticamente hostil, justamente para que esa hostilidad pueda ser, si no desarmada, al menos mejor administrada.

El resultado es conocido. Hoy, la interdependencia entre los dos países ofrece la tónica para las nuevas polarizaciones de poder que deben consolidarse en los próximos tiempos. Pero, observamos que todo nació de un mutuo entendimiento y de la comprensión de las singularidades entre los interlocutores, es decir, de un lado una nación capitalista liberal y democrática y del otro una dictadura maoísta con un naciente capitalismo de fuerte inducción estatal (hoy ya consolidado) .

En el caso de que el modelo chino ejerza en parte de nuestro empresariado, situación que no encuentro explicación, sino en la probable confusión entre el capitalismo (inducido) o no por el aparato estatal) y democracia.

La China de hoy es una nación fuertemente inserta en la economía de mercado, pero con fundamentos y cimientos típicos de una dictadura. Es inimaginable, por ejemplo, un emprendimiento como Belo Monte sufrir tan implacable oposición en un país como China, donde el enfrentamiento de ideas y posiciones con el Estado es tratado como un caso de policía.

Lo mismo ocurre con la población obrera de la «magnífica y competitiva» industria china, donde condiciones de trabajo que bordean la esclavitud jamás fueron objeto de cualquier tipo de movilización, tal como ocurrió aquí en plena dictadura militar, con las paralizaciones del ABC – considerando que en la época, nos enmarcamos en el mismo concepto de nación capitalista, con fuerte inducción estatal y ni de lejos una democracia.

Es evidente que sin democracia y sin la libre expresión de la sociedad civil organizada es mucho más fácil tocar programas estatales de desarrollo y manipular la industria.

Todo ello sin contar con la total falta de transparencia, tanto en los sectores de mercado -y en ese segmento destaco el sistema financiero-, como en los institutos económicos, dejando una sociedad entera, y porque no el mundo, debido a su importancia macroeconómica, a merced de las potenciales influencias de los técnicos aprobados por el partido comunista chino.

Lo que vale comprender y reforzar es que el sistema político democrático liberal, con el que nos habituamos desde la redemocratización a mediados de la década de los ochenta y la posterior apertura de los mercados, aun con todas sus imperfecciones, es el gran cimiento de una economía sana y sostenible.

Para apimentar un poco, dejo dos cuestiones:

  1. ¿Qué sucederá con China cuando la sociedad que allí no está conformada más sólo con el acceso al consumo y exigir con vigor la apertura política y los derechos civiles de sus pares de mercado (vale observar el conflictivo escenario político árabe)?
  2. ¿Vas a depositar tu dinero en un banco chino y dormir tranquilo?

Hasta el próximo encuentro.

Foto de sxc.hu.

4.8
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