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El agotamiento del antiamericanismo

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O esgotamento do antiamericanismo Por Gustavo Chierighini, fundador de Plataforma Editorial Brasil.

Aquellos que están acostumbrados a acompañar mis artículos y escritos saben bien que no soy allí un heraldo de las bellezas, maravillas y proezas del «Tío Sam» – antes opto por una postura editorial crítica y quizás más ácida de lo que muchos quisieran. Pero qué hacer? Dicen que escribir es reflejar el alma, y ​​la mía es un poco así (y estoy feliz con eso).

Por favor, pido la gentileza de no recomendarme ningún curso de autoayuda corporativa. Prefiero un campo de reeducación trotskista – al menos así, después del período de internación, estaré aún más preparado para combatir esa tragedia ideológica. Pero el «bobajal corporativo» realmente se asemeja a una tortura, y de las más crueles.

Reflexiones sobre el modelo norteamericano
Volviendo al tema principal, quedo impresionado con ese ideario de argumentación – el antiamericanismo – que poco a poco fue extrapolando los límites de las cartillas de izquierda y de los militantes contra el «imperialismo» y alcanzando algunas parcelas de la clase empresarial y ejecutiva, antes rigurosamente plácida y hipnotizada con las bellezas del Tío Sam.

En mi postura crítica, siempre que abordé esta temática me esforcé para escapar de las trampas dicotómicas (sabidamente la madre de casi todas las burrices modernas) y me alejé del cielo, pero también del infierno, quedando finalmente con la tierra, donde la vida real de la vida real el hecho sucede.

La fuerza de la competición
Y en ella, surge el concepto de competición, que origina la forma que siempre he predicado como correcta para enfrentar a los Estados Unidos – competidores de alto nivel y compañeros amigos para muchas (no todas!) Horas.

Sería pura ceguera no reconocer la fuerza pujante de su diversificada economía, la cantidad de agraciados con el premio Nobel en sus universidades, el innegable éxito en el campo científico-tecnológico y el estímulo al emprendedorismo como valor nacional – con fuerte anclaje en leyes y políticas públicas de origen secular.

No todo es tan interesante, por supuesto.
Hay, por supuesto, la corporativa Lero-Lero jactó, lleno de oportunidades para modinhas firmado por las narrativas como «ahora la última ola es esto o aquello,» un rollo sin fin, no a mencionar las prácticas de gestión a menudo rebautizado con nuevos términos, simplemente para garantizar la impresión de apremiante innovación – algunas de ellas ya conocidas desde la década del 30.

También es ridícula la autoconfianza exagerada que observamos en algunos norteamericanos desprovistos de mayor sentido crítico. Se dice que una destacada autoridad del gobierno de Bush, en la víspera del estallido de la crisis de 2008, dijo textualmente a Christine Lagarde, en la época ministra de finanzas de Francia, preocupada por el posicionamiento estadounidense ante la crisis bancaria, que no tenía noción de lo que era la fuerza de la economía norteamericana. Pues es, ella sabía muy bien.

¿Y cómo queda Brasil?
Lo que vengo observando en el también risible «triunfalismo brasileño» – y afirmo risible no por incredulidad en nuestro potencial o fuerza económica, sino por creer que silencio y propósitos firmes hablan más alto por una nación que trompetas y fanfarras – es la total pérdida de la noción de la realidad. Eso me asusta, pues debilita nuestro sentido de urgencia y necesidad. La vieja historia francesa de la cigarra y la hormiga.

Para los detractores del americanismo (los antiamericanos), sugiero una observación detallada en los hechos de dicho país (y es cierto que los equívocos naturales a cualquier gran potencia no pueden escapar de este análisis). Atenten también para los valores que orientan el sentido de libertad y de moderna democracia de los Estados Unidos.

A los adoradores, recomiendo un calibrado de concepto, dotado de sentido de competencia, una cierta dosis de autoconfianza (que siempre hace bien) y, sobre todo, que vean lo que bueno podemos aprender de nuestros socios del norte.

En suma, creo que debemos inspirarnos en sus valores democráticos más caros, capaces de garantizar una efectiva ventilación económica y un fuerte espíritu de innovación. Mejor aprender con eso que con sus modinhas de liquidación. ¿Está de acuerdo? Hasta pronto. Abrazos.

Foto: sxc.hu.

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