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Economía (y política) brasileña: el síndrome del búnker sitiado

Por Gustavo Chierighini, la plataforma editorial Editorial Brasil.

Para quien no conoce el sentido del síndrome del búnker sitiado, basta un ejercicio simple: intente insertarse en un contexto donde, después de vivir el apogeo y la supremacía (al menos supuestamente), usted tenga que encarar la caída, la cáscara de plátano de plátano que no puede escapar o la aniquilación humillante.

Y entonces, rodeado de una asesoría que teme sus reacciones – o porque usted los intimida o porque son intimidados por naturaleza y escogidos a dedo justamente debido a ello – y por lo tanto recibiendo consejos incompatibles con la realidad pasa a creer en salidas, soluciones y éxitos potenciales que jamás se concretar.

En resumen, una dinámica retroalimentada de tiros en el pie, pero que cuando dotada de dimensión política y económica, si es usted un tomador de decisiones de alto impacto, tiene potencial para hacer doler el pie de casi todos a su alrededor, de los subalternos y súbditos a los aliados. Los opositores, por supuesto, se ríen.

Los historiadores investigativos afirman que Hitler, sitiado en su escondite secreto (bunker) entonaba frases de efecto y auto motivadoras para «todavía vencer la guerra», mientras los soviéticos pintaban y bordeaban ya a las afueras de Berlín, aplastando la ciudad y provocando deserciones en masa y la parálisis de la población civil.

Se dice que la lámpara, el famoso «rey del cangaço», rodeado por las tropas federales y casi aniquilado por el hambre, la sed y el agotamiento total, se comparaba a Antônio Consejero y ordenaba, optimista, directivas para la defensa y el contraataque para finalmente alcanzar la victoria, que jamás vino.

Es de los efectos de este «síndrome» que algunos seres humanos y sus equipos fieles prueban al encontrarse con la pared sólida y áspera de la realidad que se impone. En este contexto, la reciente dinámica gubernamental para acercar el paso económico-político no es muy diferente.

Muy probablemente, nuestro mandatario pase kilómetros lejos de la falta de sentido crítico de los protagonistas que he citado, pero las iniciativas recientes de recrear la CPMF, elevando la carga tributaria de una sociedad masacrada por tributos y magnánima ineficiencia estatal (en todas las esferas) es una típica la medida de «búnker sitiado».

Esto sin mencionar los conflictos en sectores hasta entonces pacificados, como la reciente polémica involucrando al Ministerio de Defensa y la popularidad de un dígito, la desbandada generalizada en la base de apoyo parlamentario y la ausencia de cortes robustos y reales en los gastos de la máquina pública.

Todo esto transforma el momento en una novela, en la que estamos asistiendo todos los días un caso análogo a los mencionados en este texto, donde el palacio sitiado se transforma en un bunker impermeable al sentido común. Quien paga esa cuenta, usted sabe muy bien, es siempre el pueblo y su futuro. ¡Una lástima! Hasta el próximo.

Foto: Frazao Production / Shutterstock.com

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