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Economía brasileña: la realidad es didáctica y hace crecer

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Economia brasileira: a realidade é didática e faz crescer Por Gustavo Chierighini, fundador de Plataforma Editorial Brasil.

Después de años de euforia generalizada, con algunas bravatas internacionales y después de un breve y deseable período de revanchismo ante algunas naciones eventualmente combalidas por las consecuencias de la crisis que se estableció en 2008, nuestro gigante (ya no más dormido) aparentemente se despide, poco a poco, del brote de adolescencia (los paraguayos no concordar con eso, yo entiendo) y gradualmente vuelve a la normalidad.

El hecho es que no hay nada más didáctica que la adversidad. Sentir el agua golpear la barbilla vale más que mil informes y madurar hasta los más bravos pugilistas de PIB.

Y, como sabemos, desde los últimos meses del año pasado el agua fue subiendo, pasando de los brazos y extendiéndose en el 2012 por el cuello con una velocidad que fue más que suficiente para encerrar el ciclo de anestesia y ceguera económica creciente en el que algunos sectores los brasileños (y no sólo el político) se estaban sumergiendo.

Es verdad que no observamos por aquí ninguna derrocamiento, pero la creciente desindustrialización y la caída del ritmo de crecimiento asustado a muchos -y junto con eso vino la frustación de innumerables expectativas. Con el susto vino la realidad, siempre cristalina, obvia, directa y sin rodeos. Y su mensaje no podía ser más explícito.

Era necesario alzar un nuevo nivel, con foco en productividad y potenciación de la capacidad empresarial, que ya no podría sostener sólo en el consumo interno y donde la fuerza inductora del gobierno ya no podría operar sólo en la solución de emergencias sectoriales o por medio de programas meramente asistencialistas, pero actuar con inversiones en infraestructura pesada con presión para la caída sostenible de las tasas de interés.

En pocas palabras, la conciencia de nuestros líderes se despertó hasta que la necesidad de una descarga capitalismo inteligente, en donde, cada vez más, los discursos vacíos, bloodproud o motivación dan paso a la disciplina y el sentido de la competencia internacional con más sudor y compromiso cerebral y menos trompetas y fanfarrones.

Muchos problemas permanecen latentes, las reformas avanzan a una velocidad lenta, la carga tributaria masacrante y el inmenso Estado siguen siendo firmes (aunque existen algunas señales claras de retroceso) y sabemos que el nuevo programa de privatización a través del modelo de concesiones no avanzará de noche para día.

Pero, a lo que todo indica, todo ese conjunto de cambios y propuestas no se quedará parado y ni tampoco funcionará apenas como pieza de marketing electoral. Fuera del campo económico y social, observamos lo natural (a veces lento) fortalecimiento de las instituciones, sin ataques a la libertad de prensa y de expresión, y al parecer con menos patrullas ideológicas sobre el vocabulario corriente, libros escolares y otras manifestaciones.

Todo esto puede parecer una gran fragancia trivia para un observador menos astuto, pero no hay economista que no sabe que una gran potencia no se construye o se mantiene con la longevidad sin respirar en su atmósfera del día a día de la plena libertad democrática.

Por fin, cada vez más hacemos menos ruido y, con eso, somos cada vez mayores. Nuestro futuro agradece. Hasta el próximo.

Foto de sxc.hu.

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