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Capacidad de ejecución: la diferencia entre el cielo y el infierno

Capacidade de execução: a diferença entre o céu e o inferno Por Gustavo Chierighini, fundador de Plataforma Editorial Brasil.

El título de este artículo puede sugerir una afirmación muy obvia, de las que suelen a menudo criticar en mis artículos, pero se trata de algo tan actual y recurrente que, ante algunas situaciones, su adopción se vuelve más que seductora – simplemente transforma en la única síntesis posible. Me explico.

Desde los tiempos del punto de inflexión inflacionaria, a mediados de los años 90-cuando nos fue posible despertar y vivir en una economía real, con todos sus beneficios y exigencias de adaptación-, supimos que un número específico de reformas necesitaba ser realizado en un marco horizonte que no podría exceder de una década entera.

Algunas fueron concretadas, otras parcialmente y mucho de su aplicación ocurriendo contextualmente, hay todavía aquellas donde nadie colocó la mano. En el máximo colocaron los ojos, elaboraron discursos y otros contenidos relacionados, pero «mano en la masa» que es bueno, nada.

Fue con la conciencia sobre ese escenario que leí con satisfacción la entrevista que la Presidenta Rousseff concedió recientemente a la revista Veja (destacando, particularmente, que mi voto no contribuyó a la elección de la señora Presidenta).

Expresada por el escrutinio sano de uno de los medios de comunicación con mayor dosificación de posicionamiento crítico al gobierno -y seamos justos, siempre actuaron de esta forma, incluyendo no sólo a los gobiernos predecesores, sino también al fuerte régimen militar-, ella supo colocar, con articulación, un pensamiento que refleja una buena pizca de la más clásica tradición económica liberal, reconociendo la exageración de nuestra carga tributaria y el impacto desagregador de las cargas laborales al proceso competitivo.

Con franqueza, sólo una democracia con dinámica renovadora efectiva sería capaz de producir el escenario político donde una ex militante de extrema izquierda (ex VAR Palmares) pudiera asumir la Presidencia de la República y, en la conducción económica, evocara posicionamientos tan calibrados, en una danza permanente, con una vuelta al lado de Keynes, para luego salir de brazos dados con Adam Smith.

Pero esa misma democracia, con su aireación y atmósfera liberadora, también produce excepcionales oradores. Los verdaderos maestros de la articulación, después de todo, en lo que se refiere a un régimen no autoritario, siempre habrá la necesidad del convencimiento, de la argumentación y de la capacidad de seducir con ideas y expectativas.

Esto es bueno, necesario y valioso, pero no podemos alimentarnos sólo de discursos, tan fácilmente producidos a partir de mentes ágiles y preparadas. Y, de hecho, creo que la comandante en jefe tiene esa clara noción.

En medio de este teatro de operaciones, se pone en marcha un universo de medidas circunstanciales con impacto directo hacia el sentido común menos crítico, resolviendo una distorsión allí, otra aquí. Sin embargo, sabemos muy bien que sin un modelo estructurado y efectivamente atractivo, el conjunto no se resuelve. Y es de él, del conjunto, que los resultados vigorosos dependen.

Pero si el cielo se presenta figurativamente con esta nación que, acostada en cuna espléndida, exportaría manufacturas de alto valor agregado (con expresiva participación en el PIB), con buena parte de alta tecnología y producción científica embarcada, el infierno sería ciertamente lo que de hecho todavía estamos construyendo, guiado en cadenas de la producción primaria, el aumento de peso (como engorde) PIB únicamente en las materias primas y los recursos naturales.

Necesitamos deslanchar bailando ese vals que todavía toca, aún bien vestidos como prestigiosos BRICs. Un día la música para tocar. ¿Cuánto de ella vamos a aprovechar? Hasta la próxima.

Foto de sxc.hu.

4.8
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