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BNDES y empresas ¿qué cultura de crédito queremos para Brasil?

Recientemente, el presidente del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), Paulo Rabello, anunció un programa de préstamos para ayudar a las microempresas, que el gobierno federal de Estados Unidos inyectará recursos anual de $ 100 billón – por lo que el dinero de los contribuyentes – para una especie de «funding» rápido dirigido a empresas con facturación de hasta R $ 90 millones.

Pero, antes incluso de ese anuncio, el propio BNDES ya había divulgado otro programa, el «Canal del Desarrollador MPME». Es una plataforma exclusiva para micro, pequeñas y medianas empresas, transportadores autónomos de carga y productores rurales, que facturan hasta R $ 300 millones.

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Nos SCMEPPs – Crédito Sociedades Microemprendedor y pequeñas empresas, entidades reguladas y supervisadas por el Banco Central de Brasil, nos preguntamos «¿Quién debe pasar este crédito en el borde»? Ahora bien, si nacemos con un único objetivo, que es ser un canal formal y exclusivo de traspaso de recursos en masa a las Micro y Pequeñas Empresas, ese trabajo debería ser de nuestra incumbencia.

El papel del BNDES es, sin duda, fundamental para el desarrollo social y económico del país, así como otras instituciones que auxilian en la capacitación y calificación de micro y pequeñas empresas. Pero, también sabemos, que el microcrédito es algo específico y que debe ser concedido por instituciones financieras especializadas, con experiencia en identificar las necesidades de los micro emprendedores, evaluar riesgos y a quién ofertar ese capital.

La relación cercana del cliente, además de inhibir el riesgo de fraude, ayuda a crear un círculo virtuoso que obliga a la institución a entender el «ADN del cliente», considerando la comunidad, lenguaje, necesidad y entorno. La sociedad se beneficia íntegramente.

Entendemos que, así, el microcrédito incorpora su verdadero objetivo de ser, de existir y generar valor social. «Estatizar y subsidiar el microcrédito», es ineficaz para el país, sobre todo en ese momento de ajustes de las cuentas públicas en que el Gobierno está empeñado, pues llevará a un desperdicio de dinero, aumentará aún más las tasas de morosidad y viciará al cliente en algo artificial y, normalmente, de corto plazo.

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Las dificultades enfrentadas por las SCMEPP son innumerables, como la falta de autonomía y autorización para captar recursos directamente del mercado, o, al menos, de inversores calificados, como ya se ha solicitado. Es necesario que el gobierno perfeccione el actual marco regulatorio, respetando el principio de la auto sustentabilidad del modelo.

Crear nuevos canales de oferta de crédito, cuando ya existe otro, no contribuye a la eficiencia del sistema. Mejor sería perfeccionar los canales ya existentes, dando más libertad para que las instituciones financieras cumplan mejor su papel socioeconómico, permitiendo, por ejemplo, la explotación de toda la cadena de valor de los medios de pago, la anticipación de recibibles de tarjeta de crédito y así por delante.

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Sabemos que la concentración bancaria y la alta tasa de interés limitan el acceso al crédito de las MPME y eso, definitivamente, no desarrolla la economía ni la vida emprendedora del país.

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